—¿Ni aun en sueños?

—¿En sueños? no tengo tiempo: duermo perfectamente.

—¿Y no te ha indicado nada tu madre?

—Nada.

—Pues yo he dado ya calabazas a dos.

—¿Por qué motivos?

—Porque no eran millonarios. Quiero tener un marido rico. ¿Y tú?

—Yo desearía que el mío fuese joven y tuviera talento.

—¡Bah! Todo el mundo tiene talento. En cuanto a mí, me gustaría que fuese ministro... para que me llevara a palacio.

—¿Y con eso te contentas?