Y salió cerrando la puerta con violencia.

—¿Qué mosca le ha picado? Corre a buscarle, viejo mochuelo; él conoce la costa mejor que un piloto de la isla de Batz, y yo le necesito. ¡Ve, pues, bruja maldita!

Diciendo esto, Kernok la empujó hacia la puerta...

Pero Ivona, soltándose de las manos del pirata, repuso:

—¿Vienes para insultar a los que te sirven? Calla, calla, o no sabrás nada de mí.

Kernok se encogió de hombros con un aire de indiferencia y de incredulidad.

—En fin, ¿qué quieres?

—Saber el pasado y el porvenir, nada más que eso, mi digna madre; eso es tan fácil como hacer diez nudos con el viento en popa—respondió Kernok jugando con los cordones de su puñal.

—¿Tu mano?

—Ahí va; y me atrevo a decir que no hay otra más fuerte ni más ágil. ¡A ver, pues, lo que lees en ella, vieja hada! Pero creo tanto en eso como en las predicciones de nuestro piloto que, quemando sal y pólvora de cañón, se imagina adivinar el tiempo que hará por el color de la llama. ¡Tonterías! yo no creo más que en la hoja de mi puñal o en el gatillo de mi pistola, y cuando digo a mi enemigo: «¡Morirás!» el hierro o el plomo cumplen mejor mi profecía que todas las...