Los paseos públicos, que en vez de exhibiciones del lujo insolente y de la vanidad triunfante debieran ser, en lo posible, remedos placenteros é instructivos de la Naturaleza; los jardines botánicos; los museos zoológicos, pictóricos y antropológicos, que debieran, como las bibliotecas, hacerse instituciones campestres como urbanas, para empeñar á la muchedumbre en la dulce tarea de ver cada vez mejor el mundo que nos rodea, la cadena biológica de que somos eslabón, el movimiento del Arte en tiempo y países diferentes, el proceso de la vida humana desde la edad remota de la tierra, al través de todas las edades de la civilización, son hoy instituciones exclusivas de las que se llaman aristocracias del privilegio, de la fortuna ó del saber, en sólo las grandes capitales de naciones ya robustas.

Mientras la civilización no sepa emplear el tiempo que le sobra después del trabajo de cada día, no será una verdadera civilización, porque no sabrá emplear la primera riqueza y la más transcendental.

Esto es interés de todo el mundo. Á nadie, por laboriosa que su vida se deslice, le falta un momento de ocio en que sentirse abrumado de fastidio, porque necesita un solaz social y no lo encuentra, ó tiene que aceptar como tal, en la mayor parte de las residencias de este mundo, alguno de los pasatiempos que repugna la razón.

Á la mayor parte de los hombres sobra tiempo, aunque sólo sea el cada día deducido del trabajo cotidiano, para aburrirse de sí mismo y de los otros y para verse expuesto á optar entre fastidiarse á solas ó corromperse acompañado. Tanto ha conocido la lírica del día esa doble faz del problema del tiempo, que, cantando el tedio, ha divinizado crímenes, vicios y monstruosidades hijos del fastidio de sí mismo, y que el fastidio de sí mismo ha acogido como inmortales protestas de la justicia y del dolor contra el infame orden del mundo en que el tiempo es plomo que pesa sobre todo el que no tiene dignidad bastante para emplearlo en el trabajo. Las noches de las grandes ciudades son probablemente superiores, en los pueblos más prósperos de la civilización actual, á la vida nocturna de Atenas; pero las instituciones atenienses, ó, más históricamente, las costumbres de los atenienses, que tenían por objeto el empleo popular del tiempo que sobraba cada día, serán perpetuo motivo de generosa envidia para todos los que puedan seguir con los ojos de la mente el movimiento de la ciudad por excelencia, en las palestras, en las plazas públicas, en el Pórtico, en la Academia, en los alrededores, ejercitándose en ejercicios del cuerpo, de la mente y del ánimo, y siguiendo material y mentalmente las huellas de Sócrates, de Zenón, de Platón, de Aristóteles y de los cien sofistas que enseñaban á mal razonar, pero que enseñaban también á emplear el tiempo sobrante en hacer menos mal del que es capaz de hacer un ocioso que tiene hambre de placer ó que está agobiado por el peso de las horas.

FIN

ÍNDICE

Páginas.
EUGENIO MARÍA DE HOSTOS
(1839–1903)
I.— Hostos, figura representativa [VII]
II.— Hostos rompe con España [IX]
III.— Hostos comienza su odisea benefactora [XI]
IV.— Hostos, maestro [XIII]
V.— Hostos, literato [XVII]
VI.— Á propósito de Hostos, literato, el tupé de los europeos [XXX]
VII.— Hostos, filósofo moralista [XXXV]
VIII.— Hostos, sociólogo [XL]
IX.— Hostos, tratadista de Derecho constitucional [L]
X.— Hostos, hombre de ideales y hombre de hogar [LIII]
Prólogo de la primera edición [1]
Introducción [5]
PRIMERA PARTE
RELACIONES Y DEBERES
Capítulo I.—La Sociedad y sus órganos.—Definición de Sociedad.—Órganos del organismo social.—Descripción de los órganos sociales: El individuo. La familia. El municipio. La región. La nación. La familia de naciones [25]
Capítulo II.—Objeto de la moral social.—En qué se funda [30]
Capítulo III.—Exposición de las relaciones [34]
Capítulo IV.—Clasificación de relaciones [37]
Capítulo V.—Análisis de las relaciones del hombre con la sociedad.—Relación de necesidad [41]
Capítulo VI.—Segunda relación.—Relación de gratitud [44]
Capítulo VII.—Tercera relación.—Relación de utilidad [46]
Capítulo VIII.—Cuarta relación.—Relación de derecho [48]
Capítulo IX.—Quinta relación.—Relación de deber [51]
Capítulo X.—Del deber y su función en la economía moral del mundo [54]
Capítulo XI.—En qué se fundan los deberes sociales [58]
Capítulo XII.—Deberes derivados de nuestras relaciones con la Sociedad [63]
Capítulo XIII.—El deber del trabajo.—Sus modificaciones en los diversos grupos sociales [72]
Capítulo XIV.—Deber de obediencia y sus modificaciones [78]
Capítulo XV.—Por qué no se da su nombre á los deberes derivados de la relación de utilidad [80]
Capítulo XVI.—Continuación del anterior.—Cooperación.—Unión.—Abnegación.—Conciliación [88]
Capítulo XVII.—Deberes deducidos de la relación de derecho [92]
Capítulo XVIII.—El derecho armado.—Deberes que impone [97]
Capítulo XIX.—El deber de los deberes [103]
Capítulo XX.—Los conflictos del deber.—La regla de los conflictos [107]
Capítulo XXI.—Deberes del hombre para con la Humanidad.—Confraternidad.—Filantropía.—Cosmopolitismo.—Civilización [114]
Capítulo XXII.—Deberes complementarios.—Sinopsis de los deberes sociales primarios y secundarios.—Sinopsis de las virtudes sociales, políticas y económicas [123]
Capítulo XXIII.—Deberes complementarios.—Continuación [132]
SEGUNDA PARTE
LA MORAL Y LAS ACTIVIDADES DE LA VIDA
Capítulo XXIV.—Enlace de la Moral con el Derecho positivo [145]
Capítulo XXV.—Enlace de la Moral con la Política [150]
Capítulo XXVI.—La moral social y las profesiones [155]
Capítulo XXVII.—La Moral y la Escuela [163]
Capítulo XXVIII.—La Moral y la Iglesia católica [168]
Capítulo XXIX.—La Moral y el protestantismo [176]
Capítulo XXX.—La Moral y las religiones filosóficas [183]
Capítulo XXXI.—La Moral y la Ciencia [189]
Capítulo XXXII.—La Moral y el Arte [197]
Capítulo XXXIII.—La Moral y la Literatura.—La novela [204]
Capítulo XXXIV.—La Moral y la Literatura.—La dramática [213]
Capítulo XXXV.—La Moral y la Historia [223]
Capítulo XXXVI.—La Moral y el periodismo [229]
Capítulo XXXVII.—La Moral y la Industria [240]
Capítulo XXXVIII.—La Moral y el tiempo [250]

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