Pero te conoció Helena, y a mí sola lo dijo.
ODISEO
No se me olvida que estuve en gran peligro.
HÉCUBA
Y abrazaste humildemente mis rodillas.
ODISEO
Y mi mano, fría como la de un difunto, se agarró a tus vestidos.
HÉCUBA
¿Qué decías entonces cuando eras mi esclavo?
ODISEO