TIRESIAS
Otros cuidarán de eso; a mí me basta decirlo.
CREONTE
¿Por qué hemos de sufrir esta desdicha yo y mi hijo?
TIRESIAS
Con razón me preguntas, y podremos entendernos. Es menester que muera en la gruta en que estuvo el dragón, hijo de la Tierra, guardián de las aguas dirceas, y que se ofrezcan libaciones con su sangre para aplacar la ira inveterada de Ares contra Cadmo, que ansía vengar la muerte del dragón, hijo de la Tierra.[212] Y si lo hacéis, Ares os auxiliará. Si recibe fruto por fruto y sangre humana por su sangre, os será propicia la tierra, que produjo en otro tiempo para vuestro bien la cosecha de los Espartos, de dorados cascos; es preciso que muera alguno del linaje que nació de la quijada del dragón. Tú y tus hijos sois ya los únicos descendientes por ambas líneas de estos hombres sembrados. Verdad es que las próximas nupcias de Hemón son un obstáculo a que se le sacrifique, porque no es virgen; pero si este joven se consagra a la ciudad y muere, salvará a su patria y hará fatal la vuelta de Adrasto y de los demás argivos, triste su destino y grande la gloria de Tebas. Decídete por uno de estos dos extremos: o salvas a tu hijo, o a la ciudad. Ya sabes cuanto podía decirte; llévame a mi casa, ¡oh hija! Todo el que se dedica a la adivinación es un necio, porque si es odioso lo que declara, es aborrecido por aquellos en cuyo daño profetiza; y cuando por lástima dice falsedades a los que lo consultan, comete un sacrilegio. Solo Febo, que a nadie teme, debía anunciar oráculos a los hombres.
EL CORO
¿Por qué callas, Creonte, sofocando tu voz en silencio? No es menor mi sorpresa que la tuya.
CREONTE
¿Qué podrá decir nadie? Claras son mis palabras. Jamás llegaré a la deplorable extremidad de consentir en el sacrificio de Meneceo por salvar a Tebas. Todos los hombres aman la vida de sus hijos, y ninguno los ha entregado jamás a la muerte.[213] Que no me alaben por la suya. Por salvar a mi patria, ya en la edad madura, estoy dispuesto a morir. Pero tú, hijo mío, antes que lo sepa toda la ciudad, y sin hacer caso de odiosos oráculos, huye cuanto antes de esta tierra. Lo dirá a todos los próceres y capitanes, y se dirigirá a las siete puertas y lo repetirá a los siete jefes que las defienden; si nos adelantamos a él, te salvas; si tardas, somos perdidos y morirás.