POLÍXENA

Escuchadme: tú, hijo de Laertes, muéstrate más generoso con madres justamente irritadas; y tú, madre, no luches con los vencedores. ¿Quieres caer en tierra, y que se lastime tu débil cuerpo, vencida por la fuerza, profanándote un brazo vigoroso que te separará de mí? Así sucederá sin duda. Nada hagas que no debas hacerlo. Dame tu dulcísima mano, ¡oh madre amada!, y que tus mejillas toquen las mías, que nunca después (esta es la vez postrera) veré el disco y los rayos del sol. Y no volverás a oírme hablar, ¡oh madre!, ¡oh tú que me diste a luz!, que ya voy a los infiernos. (Abrazadas las dos entablan el siguiente diálogo):

HÉCUBA

Nosotras, ¡oh hija!, seremos esclavas en la tierra.

POLÍXENA

Sin haber conocido esposo, ni casarme como a mi linaje convenía.

HÉCUBA

Digna eres de lástima; yo también soy desgraciada.

POLÍXENA

Allá en el Orco yaceré separada de ti.