El asunto de esta tragedia es el mismo que el de Las Euménides, de Esquilo, aunque muy inferior a ella en trágica grandeza. El proyecto de los hijos de Agamenón y de Pílades de matar a Helena y a Hermíone para vengarse de Menelao, no aparece como obra del destino, sino como el resultado de móviles puramente humanos, comprensibles para todos. La acción, además de esto, no se desenlaza con naturalidad y verosimilitud, sino que el poeta, después de embrollarla con un fin mas o menos dramático, sale de su apuro por la intervención de un dios, que de una manera inesperada termina el conflicto. Los caracteres, excepto el de Pílades, modelo fiel de amistad, no valen gran cosa, ni pertenecen a los tiempos heroicos en que se supone ocurrir la acción. Orestes y Electra son dos vengativos criminales dominados de aviesas pasiones que no retroceden ante ningún delito por satisfacerlas; Menelao es un esposo enamorado lastimosamente de su esposa, cobarde, ambicioso y bajo; Helena una mujer vana y coqueta, que solo piensa en su hermosura y en agradar a los hombres. A pesar de estos defectos capitales, tiene bellezas de primer orden. La escena primera entre Electra y Orestes es de lo más perfecto que se encuentra en el teatro antiguo, y eminentemente dramática, como lo es también la conclusión, antes de intervenir Apolo. Esta tragedia es curiosa bajo otro concepto, porque nos inicia en los misterios de la ágora de Atenas por medio del heraldo Taltibio, que describe el juicio de Orestes en la asamblea de los ciudadanos, y por las alusiones que hace a los demagogos y a un orador desconocido, que se asemeja mucho al Catón de Salustio. La narración del frigio y el desenlace por los casamientos indicados son más bien cómicos que trágicos, y los discursos de Tindáreo y Orestes más propios de un tribunal que de un teatro. Abunda, sin embargo, en pensamientos felicísimos, en rasgos brillantes, y toda ella descubre, a pesar de sus lunares, que es obra de un ingenio eminente y compuesta para un pueblo artístico, civilizado y dramático.
Para fijar la época en que se representó por primera vez, no tenemos otro dato que el que nos suministra el escoliasta al verso 371, cuando dice: πρὸ Διοκλέους, ἐφ’ οὗ τὸν Ὀρέστην ἐδίδαξε, etc. Debió ser, por tanto, en la olimpiada 92, 4 (409 antes de J. C.), en cuyo año fue arconte Diocles. Así lo hace presumir también el examen de esta tragedia, puesto que, como observamos más arriba, tiene ya mucho de comedia, lo cual debió suceder en los últimos años de la vida de Eurípides.
PERSONAJES
| Electra, hija de Agamenón y de Clitemnestra. |
| Helena, esposa de Menelao. |
| Hermíone, su hija. |
| Coro de mujeres argivas, amigas de Electra. |
| Orestes, hijo de Agamenón y de Clitemnestra. |
| Menelao, rey de Esparta y hermano de Agamenón. |
| Tindáreo, padre de Helena y de Clitemnestra. |
| Pílades, hijo de Estrofio el focense, cómplice y amigo de Orestes. |
| Apolo, dios que profetiza en Delfos. |
| Un frigio. |
La acción es en Argos.
Se ve en el teatro el palacio de Agamenón, y en el hueco de la puerta principal el lecho de Orestes, que yace en él enfermo y duerme un sueño inquieto. Delante está sentada Electra, que se levanta al caer el telón.
ELECTRA
Nada hay, por horrible que sea la palabra que lo exprese, ni aflicción, ni calamidad de origen divino, cuyo peso no resista la naturaleza humana. Pues aquel feliz Tántalo,[244] hijo, según dicen, de Zeus (y no lo nombro para insultarlo en su desgracia), temeroso del peñasco que amenaza su cabeza, está suspendido en el aire, y expía así, si creemos lo que nos cuentan, el desenfreno vergonzoso de su lengua, cuando siendo un simple mortal tenía el honor de sentarse a la mesa de los dioses. Tántalo engendró a Pélope,[245] padre de Atreo, condenado por la diosa que hila el fatal estambre[246] a perpetua discordia, y a hacer la guerra a su hermano Tiestes.[247] ¿A qué he de referir estos crímenes nefandos? Invitolo a comer Atreo después de matar a sus hijos; de él (omitiendo lo que le sucedió después) fue hijo aquel ínclito Agamenón, si en verdad fue ínclito, y Menelao, y madre de ambos Aérope la cretense. Menelao se casó con Helena, aborrecida de los dioses, y el rey Agamenón con Clitemnestra, matrimonio famoso entre los griegos. Fueron hijos de estos Crisótemis, Ifigenia, yo, Electra y Orestes, el varón, todos de una madre muy malvada, que mató a su marido envolviéndolo en un velo inextricable.[248] Decir por qué lo mató no es decoroso a una virgen;[249] que el público averigüe ese misterio. Pero ¿por qué he de quejarme de la injusticia de Febo? Ello es que persuadió a Orestes que matase a la madre que le engendró; acción, en verdad, que no todos alaban. La mató, sin embargo, obedeciendo al dios, y yo fui su cómplice en cuanto puede serlo una mujer, y Pílades, que nos ayudó a perpetrarlo. Cruel dolencia consume desde entonces al mísero Orestes, y yace en su lecho delirando por haber derramado la sangre materna, pues temo llamar por su nombre a las Euménides, causa de su delirio. Seis días hace que mi madre murió asesinada, y que el fuego purificó su cuerpo, y en este tiempo ni ha tomado alimento ni se ha bañado; envuelto en su vestido, cuando la enfermedad lo deja recobrar el juicio, llora, y otras voces salta veloz del lecho como el caballo del yugo. Los argivos han decretado que ningún hogar nos dé asilo y que nadie hable con los matricidas, y hoy mismo decidirán con sus sufragios si nos han de matar a pedradas o herir nuestro cuello con afilada cuchilla. No obstante, tenemos alguna esperanza de salvarnos, porque Menelao ha llegado a su patria desde Troya, y llenando con sus naves el puerto de Nauplia,[250] ha arribado a la orilla después de andar perdido largo tiempo, y ha enviado delante a nuestro palacio a la llorosa Helena, amparándose de las tinieblas de la noche, para que no la vea entrar de día alguno de aquellos cuyos hijos murieron en Troya por su causa y la maten a pedradas, y está aquí dentro llorando la muerte de su hermana y las calamidades de su familia. Tiene, sin embargo, algún consuelo en sus dolores, puesto que Menelao trajo de Esparta a Hermíone,[251] y la dejó en mi palacio cuando navegó hacia Ilión, dándola a mi madre para que la educase, y con ella se consuela y se olvida de sus males. Miro con cuidado a lo largo del camino por si llega Menelao, pues leves son las esperanzas que en los demás ciframos si él no nos socorre.
HELENA (que sale del palacio).[252]
¡Oh Electra!, hija de Agamenón y de Clitemnestra, virgen ha tanto tiempo: ¿cómo, ¡oh mísera!, os va a ti y a tu hermano, el infortunado Orestes, asesino de su madre? Tu palabra no me mancilla, porque atribuyo a Febo este delito. Lloro el destino de Clitemnestra, mi hermana, a la que no veo desde mi partida a Troya, cuando la ira divina me obligó a navegar hacia ella, y no encontrándola, lloro su desgracia.