PÍLADES

Ya lo has comprendido: ahora te probaré la excelencia de mi proyecto. Si fuese una mujer honesta, sería infame nuestra acción; pero ella pagará lo que debe a toda la Grecia, cuyos padres mató, cuyos hijos perdió, cuyas esposas dejó abandonadas. Habrá júbilo y el fuego brillará en las aras de los dioses; nos colmarán a los dos de bendiciones, porque hemos dado muerte a una mujer criminal. No te llamarán matricida, si la matas, y se olvidará ese nombre odioso, y te apellidarán matador de Helena, causa de muchas muertes. No es lícito, no, que Menelao sea nunca feliz, y que perezcan tu padre, tú, tu hermana y tu madre (dejando esto aparte, que no conviene ahora decirlo), y que posea tu palacio, habiendo recobrado su esposa por la lanza de Agamenón. No viviré más si no esgrimo contra ella el negro acero.[296] Y si no logramos matar a Helena, moriremos después de pegar fuego a este palacio: como no se puede frustrar uno de estos dos propósitos, alcanzaremos fama y pereceremos con honor, o nos salvaremos con gloria.

EL CORO

Digna es la hija de Tindáreo, que ha deshonrado a su sexo, del odio de todas las mujeres.

ORESTES

¡Ah! Nada vale tanto, ni el cetro, ni las riquezas, como un leal amigo; y de necio es posponerlo, siendo fiel, al favor popular. Porque tú hallaste medio de vengarme de Egisto, y me ayudaste en el peligro, y me vuelves a vengar ahora de mis enemigos, y no te alejas de mi lado. Pero no te alabaré, porque la alabanza exagerada es enojosa. Yo, pues, a punto de morir, deseo con todas mis veras ofender a mis enemigos; perdámoslos, pues, que me han hecho traición, y giman por haberme causado tantos males. Hijo soy de Agamenón, que dominó en toda la Grecia, y lo creyeron digno de ese honor por su divina fortaleza, no un tirano; no lo deshonraré sufriendo muerte servil, que moriré como hombre libre, vengándome de Menelao; si realizamos uno solo de nuestros deseos seremos felices; esto es, si matamos, no moriremos, y de cualquier modo nos salvamos. Así lo pido, porque me place y me regocija el ánimo repetir con mis labios estas palabras, que se lleva el aire, expresión de mi mayor anhelo.

ELECTRA

Creo, ¡oh hermano!, que he encontrado medio de librarte de la muerte, y a este y a mí misma.

ORESTES

Sería obra de los dioses; pero veámoslo, pues conozco tu prudencia.