Traénme las execrables maldades cometidas por dos leones osados, pues no los debo llamar hombres. Me han dicho que no ha muerto mi esposa, sino que ha desaparecido del palacio, según cuenta un vano rumor, hijo acaso del miedo del que me lo refirió; pero estas son maquinaciones matricidas y un horrible sarcasmo. Que abra alguno el palacio; mandaré a los esclavos que penetren en él a la fuerza para arrancar al menos a mi hija del poder de estos hombres manchados de sangre, y recobraré el cuerpo de mi desventurada esposa; si no, sus osados asesinos morirán como ella a mis manos.

(Orestes, Pílades y Electra aparecen en lo alto del palacio. Orestes amenaza con su espada el cuello de Hermíone. Pílades y Electra agitan antorchas encendidas).

ORESTES

¡Ay de ti si te acercas a estos aposentos!; a ti digo, ¡oh Menelao!, hinchado por la soberbia, que romperé tu cabeza con esta almena, destrozando tan antiguos techos, obra de ingenioso artífice: con barras están aseguradas las puertas, que te impedirán traer auxilio y entrar.

MENELAO

¡Hola! ¿Qué significa esto? Veo el resplandor de las llamas, y a los que aparecen en lo alto del palacio amenazando con su espada el cuello de mi hija.

ORESTES

¿Quieres preguntarme, oírme?

MENELAO

Ni una cosa ni otra; pero por lo visto es necesario escucharte.