UN ESCLAVO

Muchos huéspedes he visto en el palacio de Admeto de distinta procedencia, a quienes he servido a la mesa; pero jamás traspasó sus puertas ninguno como este. En primer lugar, aunque vio llorar a mi amo, entró en él sin miramiento; después no aceptó con modestia los presentes que se le hicieron, sabedor de nuestra desdicha, y si algo le faltaba, nos llamaba hasta que se lo llevábamos. Y tomando en su mano la copa de yedra, bebió el vino puro de negra uva hasta que sus ardientes vapores lo envolvieron, y coronó su cabeza de ramos de mirto, aullando y cantando desatinos.[360] Oíase una doble melodía: él entonaba sus canciones, sin cuidarse de los males que afligen al palacio de Admeto, y nosotros los siervos llorábamos a nuestra soberana, y, sin embargo, ocultábamos al huésped las lágrimas de nuestros ojos, como nos lo había mandado nuestro amo. Y yo ahora lo invito al banquete, cuando será quizá algún ratero redomado o algún salteador, mientras mi dueña deja su morada, y no la acompaño, ni levanto al cielo mis manos, ni la lloro, cuando era mi madre y de todos los esclavos, librándonos de innumerables males siempre que aplacaba con su dulzura las iras de su esposo. ¿No he de aborrecer a un huésped que en tan mala ocasión ha llegado?

HERACLES (que viene coronado de mirto).

¡Ay de ti! ¿Por qué me miras con esos ojos torvos e inquietos? No agradan a los huéspedes tristes servidores, sino que los traten con cortesía. Tú, al contrario, que ves delante de ti a un amigo de tu dueño, con tu semblante compungido y fruncidas cejas descubres a las claras la aflicción que te causan males ajenos. Acércate aquí, para que aprendas a ser más comedido. ¿Conoces la naturaleza humana? Yo creo que no; ¿y cómo había de ser? Óyeme, pues. Necesariamente han de morir todos los hombres, y no hay uno que pueda contar con el día de mañana. Todos ignoramos el camino que lleva la Fortuna, y ni puede adivinarse, ni hay arte que lo enseñe. Ya que has oído esta lección de mí, alégrate y bebe, mira como tuyos estos instantes, y de los demás no te acuerdes. Rinde culto a Afrodita, la diosa más grata a los mortales, y la más afable. De nada más te cuides, y sigue mi consejo si, como yo creo, te parece razonable. ¿No abandonarás tu excesiva tristeza, y beberás conmigo atravesando estas puertas coronado de guirnaldas? No dudes que el ruido de las copas te llevará a otra región más alegre, y disipará tu pena y tus cuidados. Como somos mortales, debemos saber lo que nos interesa, puesto que, a mi juicio, para los tristes y austeros la vida no es vida, sino una calamidad.[361]

EL ESCLAVO

Lo sabemos; pero no está ahora mi ánimo para tomar parte en banquetes y bromas.

HERACLES

La muerta es una mujer extranjera; no llores, pues, más de lo justo, que viven los dueños de este palacio.

EL ESCLAVO

¿Cómo que viven? ¿Ignoras la desgracia ocurrida en él?