EL ESCLAVO

Todos perecemos, no ella sola.

HERACLES

Ya me lo figuré, sin embargo, al ver su semblante, sus ojos llorosos y su cabeza rasurada; pero me hizo creer lo contrario asegurándome que celebraba esos funerales en honor de un extranjero. Contra mi voluntad traspasé estas puertas, y he bebido en el palacio de un hombre hospitalario, víctima de tal desdicha. ¿Y en tan crítica aflicción me regalé coronando mi cabeza? ¿Tú, hombre, por qué no me dijiste que pesaba sobre esta familia tan grave infortunio? ¿En dónde la sepulta? ¿En dónde podré encontrarla?

EL ESCLAVO

Fuera de las murallas, y cerca del camino que lleva derecho a Larisa,[363] verás un elegante túmulo.[364]

HERACLES

¡Oh corazón, que tantas empresas osaste! ¡Oh alma mía, prueba que naciste de Zeus y de Alcmena la Tirintia, hija de Electrión! Ahora debo salvar a la mujer que ha muerto hace poco, devolver Alcestis a este palacio, y probar a Admeto mi gratitud. Iré, pues, al Orco a visitar al rey de los muertos, de negro manto vestido, y lo acecharé, y acaso lo encuentre junto al túmulo, bebiendo la sangre de las víctimas. Y si me oculto y salgo de repente, me apodero de él y lo ciñen mis brazos, no hay quien pueda arrancarme sus miembros magullados a no soltar esa mujer. Y si se me escapa esta presa y no viniera a saborear la ensangrentada torta,[365] descenderé al oscuro palacio de los infiernos, en donde habitan Hades y Perséfone, y les pediré a Alcestis, y espero traerla y entregarla al huésped que me da asilo en su palacio y no me rechaza a pesar de su grave desdicha; al contrario, la oculta por mi causa, llevado de su nobleza. ¿Qué pueblo será más hospitalario que el tesalio? ¿Qué griego más que Admeto? No dirá, pues, que ha sido benéfico con un ingrato, y que su generosidad no obtiene recompensa. (Entra Heracles en el palacio, y poco después regresa Admeto con el coro).

ADMETO

¡Ay, ay de mí!; ¡triste es para mí el acceso a este solitario palacio; triste su aspecto! ¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ah, ah! ¿Adónde iré? ¿En dónde me detendré? ¿Qué diré? ¿Qué no diré? ¡Ay si muriera! ¡Desventurado nací! ¡Dichosos los muertos, envidiable es su suerte; yo desearía habitar entre ellos! No me alegra la luz, ni que mis pies huellen la tierra. ¡Funesta prenda que me ha arrebatado la muerte para entregarla a Hades!