ADMETO
¡Ay, ay!
EL CORO
Pero en nada puedes favorecer a la muerta.
ADMETO
¡Ay de mí!; ¡ay de mí!
EL CORO
Triste es no ver más el semblante de una esposa amada.
ADMETO
Me has recordado lo que contrista mi ánimo. ¿Qué desdicha mayor para un hombre que perder una esposa fiel? ¡Ojalá que nunca hubiese contraído himeneo, ni vivido con ella en este palacio! ¡Felices los célibes y los que no tienen descendencia! Un alma sola es la suya,[366] y sufrir con ella mediana carga; pero intolerable es contemplar los lechos nupciales devastados por la muerte, y las enfermedades de los hijos, dependiendo de nosotros vivir siempre libres de tales molestias.