Junto al mismo túmulo, acechándolo, y sujetándolo con mis brazos.

ADMETO

¿Y por qué no habla esta mujer?

HERACLES

No te es lícito oír su voz antes de ofrecer la debida expiación a los dioses infernales, y hasta que no pasen tres días.[377] Pero llévala a tu palacio, y ya que eres justo, sigue, ¡oh Admeto!, siendo piadoso con tus huéspedes. Y adiós; yo voy a emprender el trabajo que me ha ordenado el rey, hijo de Esténelo.

ADMETO

Quédate conmigo, y acepta la hospitalidad que te ofrezco.

HERACLES

Otra vez será; ahora me urge dejarte sin dilación.

ADMETO