Vete, que ya no puedes vivir separado de tu nueva esposa, ni estar tanto tiempo lejos de su palacio. Cásate con ella; quizás, si los dioses lo permiten, celebrarás un himeneo que rechazarías más adelante.

EL CORO

Estrofa 1.ª — Cuando el Amor domina a los hombres, ni es buena su fama, ni tampoco merecen alabanza; al contrario, cuando Afrodita se acerca a nosotros con modestia, no hay diosa tan grata. Nunca, ¡oh señora!, vibres contra mí tu arco de oro, ni me hiera con tus deseos tu inevitable saeta.

Antístrofa 1.ª — Sea mi galardón la continencia, el más hermoso presente de los dioses; que jamás me obligue la poderosa Afrodita a tomar parte en luchas de éxito dudoso, ni en insaciables combates que trastornen el alma con envidia de ajeno lecho, sino que me conceda vivir en pacífico consorcio y distinguir con claridad los tálamos de las demás esposas.

Estrofa 2.ª — ¡Oh patria y familia mía!; que jamás sea desterrada, teniendo que pasar la vida en la indigencia, víctima de los más miserables trabajos. Que la muerte, que la muerte me arrebate antes que llegue ese día. No hay mayor mal que habitar lejos de la patria.

Antístrofa 2.ª — Lo vemos con nuestros ojos; no hablamos por lo que otros nos dijeron. Ni tu ciudad ni ninguno de tus amigos se ha compadecido de tus gravísimos infortunios. Perezca el miserable, sea el que fuere, que no honre a sus amigos y no les entregue la llave de su puro corazón. Nunca lo será para mí.

EGEO[411]

Salve, Medea; no hay más bello exordio para hablar a los que amamos.

MEDEA

Salve tú también, Egeo, hijo del prudente Pandión; ¿de dónde vienes?