EL CORO

Y tú serás al mismo tiempo la madre más desventurada.

MEDEA

Así sea; superfluo es cuanto hablemos. (A una enclava suya). Ve, pues, tú, y haz venir a Jasón, que me sirves en todo fielmente. No le dirás nada de lo que he pensado, si es cierto que amas a tu señora y que eres mujer.

EL CORO

Estrofa 1.ª — Desde las edades pasadas son afortunados los descendientes de Erecteo, hijos de los bienaventurados dioses; nútrelos preclara sabiduría en país inexpugnable, y discurren con pompa en lucidísima atmósfera,[415] en donde dicen que un tiempo la blonda Harmonía[416] dio a luz a las castas Musas, a las nueve Piérides.

Antístrofa 1.ª — Allí dicen también que Afrodita, con las ondas del Cefiso,[417] de cristalina corriente, refrescó las dulces y suaves auras, y visitó esa región, entretejiendo su cabellera con guirnaldas de fragantes rosas, y envió los Amores,[418] que forman el consejo de la Sabiduría, y que son origen de todo linaje de alabanzas.

Estrofa 2.ª — ¿Cómo, pues, la ciudad de los sagrados arroyos,[419] cómo la región que tanto favorece a sus amigos,[420] podrá acogerte como a los demás si matas impíamente a tus hijos? Piensa en su muerte, considera el castigo que mereces. No; todas te suplicamos, abrazadas a tus rodillas y con toda nuestra alma, que no mates a tus hijos.

Antístrofa 2.ª — ¿Cómo tu ánimo o tu mano serán tan audaces, cómo tu corazón podrá resolverse a hacer daño a tus hijos y cometer tan horrible maldad? ¿Cómo podrás mirarlos y presenciar sin lágrimas su martirio? No será posible, cuando caigan ante ti suplicantes, matarlos sin piedad, y manchar en su sangre tu mortífera mano.

JASÓN