¡Qué cruel y nefanda maldad has cometido, oh Medea! Huye, huye, ya en nave que como carro surque las ondas, ya en otro cualquier vehículo que huelle la tierra.

MEDEA

¿Qué ha sucedido digno de tal destierro?

EL MENSAJERO

Han muerto ahora poco la princesa real y Creonte, su padre, envenenados por ti.

MEDEA

Me anuncias gratísima nueva, y en adelante serás uno de mis bienhechores y amigos.

EL MENSAJERO

¿Qué dices? ¿Estás en tu cabal juicio? ¿No deliras, ¡oh mujer!? ¿Te alegras al saber la ruina del real palacio? ¿No temes las consecuencias?

MEDEA