Zeus, desde el Olimpo, gobierna al mundo, y muchas veces hacen los dioses lo que no se espera, y lo que se aguarda no sucede, y el cielo da a los negocios humanos fin no pensado. Así ha acontecido ahora.[444]

FIN DEL TOMO PRIMERO

ÍNDICE


Páginas.
[Prólogo del traductor].[5]
[Introducción]. — Ojeada general histórico-crítica
sobre las tragedias de Eurípides.
[9]
[Hécuba].[33]
[Hipólito].[97]
[Las Fenicias].[169]
[Orestes].[257]
[Alcestis].[351]
[Medea].[417]

NOTAS


[1] La obra de M. Victor Duruy, titulada Histoire Grecque, que hemos tenido a la vista, es algo parcial por la democracia, cuya defensa parece ser uno de sus principales objetos. Habla siempre de Aristófanes con pasión y con odio, acaso porque no ha sabido apreciar sus relevantes dotes como poeta y como ciudadano, y porque combate los excesos de la demagogia. Fuera de esto, es obra recomendable, si bien no debemos olvidarlo, porque anda en manos de todos. Al leerla, dentro de algunos años, dirá, sin duda, la posteridad: «¡Qué bien escribía este autor la historia de su tiempo, creyendo escribir la de Grecia!».

[2] Teofrasto, este hombre que hablaba con tanta gracia, que se expresaba divinamente, fue calificado de extranjero y llamado así por una pobre mujer a quien compraba hierbas en el mercado, y que averiguó, por yo no sé qué perfil ático que le faltaba, y que los romanos llamaron después urbanidad, que no era ateniense: y Cicerón refiere que aquel personaje se admiró de ver que, habiendo envejecido en Atenas, dominando tan perfectamente el dialecto ático, y habiendo adquirido su acento por un hábito de tantos años, no había logrado alcanzar lo que el pueblo poseía naturalmente y sin ningún trabajo. (La Bruyère, Discours sur Théophraste).

[3] Un pueblo democrático, con sus ciudadanos egoístas, díscolos, frívolos, fanfarrones y vanidosos, no puede prosperar, sino que se suicida, víctima de sus propias faltas. (Hegel, Esthétique, traducción francesa de M. Bénard, tomo V, pág. 17, edición de 1852).