LA NODRIZA
Oculta y niega su dolencia.
EL CORO
¿Pero no la conoce él si le basta mirarla?
LA NODRIZA
Lejos está ahora.
EL CORO
¿Y tú no la violentas para averiguar su mal y la causa del extravío de su juicio?
LA NODRIZA
Vanos han sido todos mis esfuerzos. Sin embargo, aún no he desistido de mi propósito, como te habrás convencido, observando lo que hago con mi desventurada dueña. (A Fedra). Vamos, hija querida, olvidémonos ambas de lo que antes hablamos, y tú explícate, y desarruga tu ceño, y abandona tu resolución, y yo, por mi parte, sin acordarme ya de lo que he hecho hasta ahora que haya podido desagradarte, te hablaré con más dulzura. Si padeces algún mal oculto, estas mujeres lo calmarán; pero si lo han de curar los hombres, habla para declararlo a los médicos. Sea, pues, así; ¿por qué callas? No debes callar, hija, sino replicarme si no te parece bien lo que digo, o seguir mis consejos si lo merecen. Habla algo, mira hacia aquí. ¡Cuánta es mi desventura! En vano, ¡oh mujeres!, nos tomamos este trabajo; tan lejos estamos como antes de conseguir nuestro fin: ni le hacían mella nuestras palabras, ni ahora tampoco. Pero ten en cuenta, aun cuando seas más obstinada que la mar, que si mueres, abandonando tus hijos, no participarán de la herencia de su padre y le sucederá el noble y generoso bastardo, que dio a luz la reina Amazona aficionada a cabalgar, y será su señor. Bien sabes de quién hablo: ya sabes que aludo a Hipólito.