LA NODRIZA
Déjame, hija, que yo te curaré bien. Solo te ruego que me favorezcas, ¡oh Afrodita, diosa marina! (Aparte). Lo demás que pienso hacer lo sabrán únicamente los amigos que hay dentro.[114] (Se retira).
EL CORO
Estrofa 1.ª — Amor, Amor que con la mirada inspiras los deseos e infundes suave deleite en los ánimos de aquellos a quienes haces la guerra: que nunca te vea con daño mío ni tiránico me domines. Ni el fuego ni los rayos que despiden los astros pueden compararse a la saeta que lanza Amor, hijo de Zeus.
Antístrofa 1.ª — En vano, en vano junto al Alfeo[115] y en el templo pítico de Febo acumula hecatombes la Grecia; no adoramos al Amor, tirano de los corazones, que guarda la llave de los lechos más codiciados y nos pierde y nos infecta cuando nos acomete, enviándonos todo linaje de males.
Estrofa 2.ª — Pues Afrodita dio al hijo de Alcmena la doncella de Ecalia,[116] que no había conocido el himeneo, y que por tanto ignoraba lo que era un esposo y un tálamo nupcial, llevándola desde su palacio en rápida nave, cual ministro veloz del Orco, con sangre y fuego, y celebrando terribles bodas. ¡Cuán desventuradas fueron sus nupcias!
Antístrofa 2.ª — ¡Oh santas murallas de Tebas! ¡Oh fuente Dircea! Vosotras fuisteis testigos del poder de Afrodita. Con ardiente rayo aletargó a la madre de Dioniso, engendrado por Zeus, unida a él en himeneo funesto. Abrasa lo que toca con su hálito, y vuela como una abeja.
FEDRA
Callad, mujeres; somos perdidas.
EL CORO