¡Oh Zeus! ¿Por qué dispusiste que las mujeres viesen la luz del sol, si son cebo engañoso para los hombres? Si deseabas que estos se multiplicasen, no debías haberlas creado, sino que ellos en sus templos, pesando el oro, o el hierro, o el bronce, comprasen los hijos que necesitaran, pagando el justo precio de cada uno, y que viviesen en sus casas, libres de femenil compañía. Ahora, como han de morar con nosotros, agotan nuestros recursos. Manifiesto es de aquí qué azote tan grande es la mujer; pues el padre, que la engendra y la educa, da además la dote y la casa para librarse de ella: al contrario, el que recibe en su hogar esta peste destructora, goza engalanando a una pésima estatua, y la viste con sus mejores ropas, y el desventurado gasta así sus rentas. Obligado se ve, si ha de emparentar con familia ilustre, a mostrarse alegre y ser fiel en su amargo consorcio, o si es buena la esposa y pobres los suegros, a remediar bondadosamente su infortunio. Lο mejor, si ha de vivir con nosotros, es que la fortuna nos favorezca, dándonos una compañera inepta y demasiado sencilla. Aborrezco a la sabia; que no albergue un mismo lecho a la que sepa más que yo, y más de lo que conviene a una mujer. Porque Afrodita hace a las doctas las más depravadas, y la sencilla, por sus cortos alcances, está libre de deshonestidad. Convendría también que no las acompañasen esclavas, sino que habitasen con ellas monstruos mudos o fieras, con quienes no pudiesen hablar ni oír su voz. Ahora sus esclavas no cesan de urdir intrigas vituperables, y después las ejecutan fuera de su casa, como tú (A la nodriza), ¡oh malvada!, osando proponerme que profane el sagrado lecho de mi padre: yo me purificaré de esta mancha en agua corriente, lavando con ella mis oídos. ¿Qué me sucedería si fuese criminal, cuando ni aun me creo puro habiéndola oído? Ten muy presente lo que te digo, ¡oh mujer!; solo mi piedad te salva; a no haberme tendido una red con mi propio juramento, jamás me contuviera, y lo hubiese revelado a mi padre. Pero ya que Teseo está ausente por mucho tiempo, me iré de este palacio, y mis labios guardarán silencio. Veremos a ver cuando vuelva cómo arrostráis su presencia tú y tu señora: ya avisado, sabré hasta dónde llega tu audacia. ¡Que perezcáis ambas! Nunca me cansaré de odiar a las mujeres, aunque alguno diga que tal es siempre mi propósito; y no se engaña, en efecto, porque son siempre malvadas. Que aprendan a ser castas, o nunca dejaré de ensañarme con ellas.[120] (Retírase).

FEDRA

Mísera y desventurada es nuestra suerte. ¿Qué artes emplearemos, qué recursos, frustrada nuestra esperanza, para desatar el nudo de esta intriga? Recibimos el castigo merecido, ¡oh tierra y luz! ¿Cómo evitaré estas calamidades? ¿Cómo, ¡oh amigas!, ocultaré mi mal? ¿Qué dios me favorecerá, qué hombre me ayudará? ¿Quién querrá hacerse cómplice de maldades tan impías? No veo medio alguno de alejar la tempestad que amenaza a mi vida. ¡Soy la más infeliz de las mujeres!

EL CORO

¡Ay, ay! Ya no tiene remedio, y de nada sirvieron los artificios de tu esclava, ¡oh señora!, que el resultado ha sido desastroso.

FEDRA (acércase a Fedra la nodriza).

¿Qué has hecho en mi daño, ¡oh tú, la peor de las mujeres, ruina de tus amigos!? Que Zeus, mi progenitor,[121] te hiera con sus rayos y te extermine. ¿Acaso no te dije, previniendo tu propósito, que no revelases mi mal? Pero no pudiste callar, y ya no moriremos sin mancha. Necesito ahora apelar a otros medios. Él, enfurecido ya contra mí, descubrirá tu falta con deshonra mía a su padre, contará al viejo Piteo sus desdichas, y pronunciará en todas partes los más denigrantes discursos. Que mueras tú y cualquier otro, pronto a hacer lo que no debe, repugnándolo sus amigos.

LA NODRIZA

Razón tienes, ¡oh señora!, en reprenderme: como estás afligida, no dejas descanso a tu juicio; pero te responderé, si me lo permites. Te he criado, y te quiero bien: buscando remedio a tu dolencia, me dejé llevar de mi buen deseo. Si mi propósito se hubiera realizado, me creerían muy prudente, que el éxito favorable nos da de ordinario fama de tales.

FEDRA