EL COLONO
Porque si, como parecen, son nobles, ¿no lo agradecerán, ya coman bien, ya mal?
ELECTRA
Puesto que erraste, siendo tanta tu miseria, ve en busca del anciano servidor de mi padre que, desterrado de la ciudad, guarda el ganado en las orillas del río Tanao,[183] límite de la tierra argiva y del suelo espartano, y dile que venga y traiga presentes para los extranjeros. Se alegrará y dará gracias a los dioses de que viva el joven a quien salvó en otro tiempo. Del palacio paterno y de nuestra madre nada recibiremos, que no habría tan mala nueva para ese miserable como la de saber que vive Orestes.
EL COLONO
Iré, pues que te agrada, en busca de ese anciano; pero llégate a casa y prepara lo necesario. Como quiera, encontrará cualquier mujer abundante alimento. De lo que estoy seguro es de que, al menos, tenemos lo bastante para saciarlos un día. Cuando pienso en estas cosas siempre recuerdo lo que valen las riquezas para ofrecer la hospitalidad y curar el cuerpo si lo ataca alguna dolencia; pero con poco se satisface la necesidad de cada día, porque, estando harto, lo mismo es el rico que el pobre.
EL CORO
Estrofa 1.ª — Ínclitas naves, que arribasteis un día a Troya con innumerables remos, danzando entre coros de nereidas, mientras que el delfín, apasionado de la flauta,[184] envolvía las cerúleas proas llevando al hijo de Tetis, a Aquiles de pies ligeros, y al rey Agamenón a las orillas del Simois, que riega los campos de Ilión.
Antístrofa 1.ª — Pero las nereidas, al dejar las riberas de la Eubea, llevaban las cinceladas armas que labró Hefesto en sus dorados yunques,[185] y buscaron a Aquiles por el Pelión y las altas y sagradas arboledas del Osa,[186] y por las grutas de las ninfas, testigos de sus amores, en donde el centauro Quirón[187] educó a este sol de la Grecia, hijo de la marina Tetis y veloz auxiliar del Atrida.
Estrofa 2.ª — Contome cierto griego que volvió de Troya al puerto de Nauplia, que en tu escudo, ¡oh hijo de Tetis!, estaban esculpidos estos signos, terror de los frigios: en el cerco, Perseo volando sobre los mares con sus talares alígeras, mostrando la cabeza ensangrentada de la Gorgona, con Hermes, nuncio de Zeus, rústico hijo de Maya,[188] y en el centro el Sol resplandeciente con sus alados caballos, y los coros etéreos de astros, las Pléyades,[189] y las Híades, formidables a los ojos de Héctor. En su casco de áureas figuras, las Esfinges,[190] oprimiendo entre sus garras su famosa presa; en la loriga, que protege su cuerpo, la leona Quimera,[191] de rápido curso, respirando llamas, y en sus uñas el caballo Pegaso de Pirene.