Entra en mi pobre casa; cuida de que su ennegrecido techo no deslustre tu peplo; sacrificarás como conviene a los dioses. Pronto está el cesto para los sagrados auspicios, y aguzado el cuchillo que dio muerte al toro, junto al cual caerás tú misma herida; en el palacio de Hades te casarás también con quien dormías en el imperio del Sol: tan grande será la gracia que te dispense en pago de la pena que debes a mi padre. (Entra tras ella).

EL CORO

Estrofa 1.ª — Una cadena terrible forman los males, y vientos varios agitan a las familias. Mi príncipe, sí, mi príncipe sucumbió en otro tiempo en el baño, y resonó el pavimento, y resonaron las almenas de piedra del palacio mientras él exclamaba: «¡Oh mujer criminal!, ¿por qué me matas cuando vuelvo a mi patria amada después de diez sementeras?».

Antístrofa 1.ª — Pero sonó la hora de la venganza para esta infame, que profanó el lecho nupcial y mató con sus propias manos a su esposo desdichado, que regresaba tarde a su patria, a los muros de los cíclopes, que se elevan en los aires, blandiendo ella misma el puñal afilado. ¡Oh mísero esposo, qué ofensa tan grande te hizo esta furia ensañándose criminal en ti, como salvaje leona que mora en las espesuras de los montes!

CLITEMNESTRA (dentro).

¡Por los dioses, hijos, no matéis a vuestra madre!

EL CORO

¿Oyes una voz bajo el techo?

CLITEMNESTRA

¡Ay de mí! ¡Ay de mí!