CLITEMNESTRA
Puedo hacerlo porque te unes a mi hija, tú que naciste de la marina diosa nereida.
AQUILES
¿De qué nupcias hablas? Admirado me dejas, ¡oh mujer!, a no ser que equivocada pronuncies tan extrañas frases.
CLITEMNESTRA
Natural es que cualquiera se avergüence al ver a sus sinceros amigos que le hablan de su himeneo.
AQUILES
Nunca, ¡oh mujer!, pretendí la mano de tu hija, y jamás los Atridas me hablaron de mi himeneo.
CLITEMNESTRA
¿Qué habrá, pues, sucedido? Si mis palabras te sorprenden, no me maravillan poco las tuyas.