IFIGENIA
Y no volveré más.
CLITEMNESTRA
Y abandonas a tu madre.
IFIGENIA
Y, como ves, sin merecerlo.
CLITEMNESTRA
Detente, no me dejes.
IFIGENIA
No quiero que llores más. Vosotras, ¡oh doncellas!, cantad lúgubre himno en honor de Artemisa, hija de Zeus, y que felices presagios favorezcan a los griegos. Así, que se preparen los cestos y arda el fuego destinado a la salsamola; que mi padre toque el ara con su diestra, porque voy a dar a los griegos victoria salvadora. Llevadme al sacrificio, que triunfo de Troya y de los frigios. Traed las coronas que han de ceñir mis sienes, y dádmelas; ved mi cabellera, pronta a recibirlas, y el agua lustral dispuesta. Danzad vosotras alrededor del templo y del altar, alabad a Artemisa, a Artemisa, reina y bienaventurada, que, a costa de mi sangre y de mi vida, por ser necesario, cumpliré voluntaria el oráculo. ¡Oh madre mía veneranda, para ti son estas lágrimas que derramo, no lícitas en los sacrificios! ¡Oh doncellas, alabad conmigo a Artemisa, protectora de este lugar frontero a Calcis, en cuyo puerto estrecho de Áulide anclaron las naves griegas, y hará inmortal mi nombre! ¡Oh tierra mía natal, oh pelásgico Argos, oh Micenas, en donde me he criado!