Afortunados fuimos por nuestro nacimiento; pero las desdichas, ¡oh hermana!, han hecho infeliz nuestra vida.

IFIGENIA

Bien lo supe yo cuando mi padre, víctima de su destino, acercó a mi cerviz la espada.

ORESTES

¡Ay de mí! Paréceme que allí te veo, aunque no lo presenciara.

IFIGENIA

Cuando bajo pretexto de casarme con Aquiles me llevaban al supuesto aposento nupcial, y en torno del ara solo había lágrimas y sollozos. ¡Ay de mí, ay de mí, qué agua lustral me aguardaba allí!

ORESTES

La audacia de mi padre me hizo llorar también.

IFIGENIA