Confía en nosotras, dueña querida, y atiende solo a tu salvación, que yo callaré cuanto te interese. A Zeus pongo por testigo de que haré lo que me ruegas.
IFIGENIA
Premio tengan tan gratas palabras, y que seáis felices. Debéis entrar en el templo, que no tardará en venir el rey a averiguar si se ha celebrado el sacrificio de los extranjeros. ¡Oh tú, veneranda!, que en el seno de Áulide me libraste de las manos mortíferas de mi padre, sálvame también ahora, y conmigo a estos, o por tu causa los oráculos de Apolo no tendrán crédito entre los hombres. Que favorezcas tu huida de esta tierra bárbara a Atenas; no debes habitar aquí, sino en una tierra afortunada.
EL CORO
Estrofa 1.ª — ¡Oh alción!,[299] ave que en los peñascosos escollos del Ponto cantas tu triste destino con voz bien conocida de los prudentes, siempre llorando a tu marido; acompáñame en mi llanto, que yo, pájaro sin alas,[300] suspiro por las asambleas de los griegos, por Artemisa Lucina,[301] que habita junto al collado Cinto,[302] en donde ostenta la palma su delicada cabellera, el laurel sus ramos, su sagrado fruto el verde olivo, amado por Leto[303] en su parto, y la laguna que revuelve sus aguas en círculo, mientras el cisne canoro rinde homenaje a las musas.
Antístrofa 1.ª — ¡Oh lágrimas abundantes, que corristeis por mis mejillas cuando derribadas las torres de mi patria subí a las naves, llenas de remeros y de lanzas! Vendida a gran precio de oro vine a esta tierra bárbara, para servir a la hija de Agamenón, sacerdotisa virgen de la diosa que mata a los ciervos, y en los altares en donde se sacrifican ovejas, alabando mi suerte perpetuamente miserable, porque las penas no afligen cuando desde la cuna nos rodean. Pero la felicidad es inconstante, y cuando la aflicción viene después de la dicha, la vida es intolerable al hombre.
Estrofa 2.ª — Que la nave argiva, ¡oh señora!, armada de cincuenta remos, te lleve a tu patria, y que alivie el trabajo del remero el sonido de la flauta del rústico Pan, trabada con cera, y que el profeta Febo, cantando acompañado de la canora lira de siete cuerdas, te conduzcan sin contratiempo a la fértil Atenas. Déjame aquí, y que al compás de impetuosos remos las cuerdas extiendan las hinchadas velas en la extremidad de la quilla, mientras esta surca ligera las olas.
Antístrofa 2.ª — ¡Ojalá que yo vuele al esplendido circo del aire, ruta que sigue el ardiente fuego del sol, y que cese el batir de mis alas al llegar a mi aposento nupcial, y asista a los coros de otro tiempo, cuando virgen digna de noble esposo rivalizaba en grupos bellos con mis compañeras en presencia de mi madre, dando sombra a mis mejillas mi velo, y mis rizos y mis cabellos, brillantemente exornados![304]
TOANTE
¿En dónde está la griega que guarda este templo? ¿Celebró ya el sacrificio de los extranjeros? ¿Arden sus cuerpos en el sagrado vestíbulo?