IFIGENIA

Ya veo a los extranjeros, que salen del templo, y las suntuosas galas de la diosa, y los tiernos corderillos que lavarán con su sangre el sacrilegio, y el fulgor de las lámparas, y todo lo necesario para purificar a los criminales y a la divina imagen. Ordeno a los ciudadanos que no presencien esta expiación, y que si algún guardián del templo desea conservar puras sus manos para el servicio de los dioses, que quien ha de contraer matrimonio, o las mujeres que hayan de parir, huyan y se alejen para no contaminarse. ¡Oh reina virgen, hija de Zeus y de Leto!, si llego a borrar el crimen sangriento de estos extranjeros y a sacrificar como conviene, habitarás un templo sin mancilla, y nosotros seremos felices; ya entiendes lo demás, aunque no lo exprese, ¡oh diosa!, y también los demás dioses, que todos lo saben.

EL CORO

Estrofa. — Bello fue el hijo que dio a luz Leto en los risueños valles de Delos, Apolo de cabellos de oro, hábil en tocar la cítara, y la que se deleita y hace gala de su destreza en tirar el arco, a los cuales, desde los bosques inmediatos a la mar, desde la célebre isla de abundantes aguas en que nacieron, llevó su madre a la cima del Parnaso, en donde Dioniso se entrega a sus orgías, y el dragón de manchado lomo y de cabeza roja, cubierto de escamas de bronce, bajo opaco y frondoso laurel, monstruo horrible, hijo de la Tierra, guardaba el oráculo subterráneo, sucumbió a tus flechas, ¡oh Febo!, cuando todavía eras niño, cuando saltabas en los brazos de la madre querida y diste principio a tus divinos oráculos; y te sientas en dorado trípode, en trono que no engaña, profetizando a los mortales desde el misterioso vestíbulo, cerca de la fuente Castalia,[305] en donde está el centro de la Tierra.

Antístrofa. Pero después que Apolo, usurpando las atribuciones de Temis, se reservó el derecho de dar sus oráculos divinos, la Tierra, madre de aquella diosa, creó fantasmas nocturnos que en sueños decían a muchos mortales lo pasado, lo presente y lo futuro en los tenebrosos y subterráneos aposentos en donde estas deidades moran; y privó a Febo de su don profético por vengar la afrenta de su hija. El rey entonces, dirigiéndose al Olimpo con pie ligero, agitó su mano infantil desde el solio de Zeus para libertar al templo pítico del furor de la Tierra y sus respuestas nocturnas. Riose Zeus porque su hijo vino a él sin vacilar, ansioso de alcanzar pomposo culto, y accedió a sus ruegos besando su cabellera. Cesaron los nocturnos sueños, y libertó a los hombres de los oráculos hijos de la noche, y devolvió a Febo sus honores, y a los mortales confianza en las respuestas, que da en solio preclaro y célebre por la multitud que lo visita.

EL MENSAJERO

Vosotros los encargados de la guarda de este edificio y de sus altares, ¿adónde fue Toante, nuestro rey? Llamadle; que salga del templo abriendo sus seguras puertas.

EL CORO

¿Qué hay, pues, si puedo preguntarlo sin tu licencia?

EL MENSAJERO