[37] El loto, que crecía en el país de los lotófagos, antiguo pueblo del África occidental, al parecer hacia Trípoli. Los extranjeros que lo comían se olvidaban para siempre de su patria. Se cree que el loto era una especie de azufaifa.
[38] Estos bueyes del Sol, que debían ser sagrados e inviolables para los mortales, fueron devorados por los compañeros de Odiseo durante su sueño, a pesar de la expresa prohibición que tenían de hacerlo. Sus restos, después de asados, se arrastraban por la ribera y daban horribles mugidos. Zeus los castigó suscitándoles en la mar una furiosa tempestad. (V. el cap. XII de la Odisea).
[39] Este tinte melancólico que se refleja en las palabras de Hécuba y que aquí parece originado de su aflictiva situación, reina también en la poesía épica griega, cuyos héroes más famosos, como Aquiles, mueren en la flor de sus años, y en la poesía dramática, en la cual el destino envuelve en sus sombríos decretos a los héroes y heroínas más famosos. Hasta en la estatuaria griega se observa, y en sus obras más célebres se nota sin esfuerzo, contribuyendo a llenar el alma de dulce melancolía.
[40] Dardania, de Dárdano, hijo de Zeus y de Electra, hija de Atlas, natural de Samotracia, desde donde pasó a la Teucria, a orillas del Escamandro, poseyendo después todo este territorio y dándole su nombre.
[41] Llamose Pérgamo al alcázar de Troya, en el monte Ida, y a las altísimas murallas que circundaban a aquella ciudad. Virgilio, Eneid., III, dice así:
Pergama, reliquias Danaum atque immitis Achillei.
Marcial, en el lib. XIV, epigram. 51, se expresa así:
Pergamus has misit, curvo destringere ferro.
[42] Parte de los despojos enemigos se llevaban a los templos de los dioses, así entre los griegos como entre los romanos, ad perpetuam rei memoriam, y para animar a los ciudadanos a imitar a los vencedores.
Virgilio, Eneid., VII, 183, dice así: