ATENEA
Anhelo ahora llenar de júbilo a los troyanos, mis anteriores enemigos, y que sea infortunada la vuelta del ejército aqueo.
POSEIDÓN
¿Cómo cambias así de parecer, y odias y amas con pasión, dejándote llevar del viento de la fortuna?
ATENEA
¿No tienes noticia del insulto que han hecho a mi divinidad y a mi templo?
POSEIDÓN
Sí, cuando Áyax arrastraba por fuerza a Casandra.[11]
ATENEA
Y, sin embargo, nada sufrió, ni aun oyó nada de los griegos.