ATENEA

Cuando naveguen hacia su patria desde Ilión, Zeus les enviará lluvias y fuerte granizo; el aire acumulará negras nubes, y hasta ha prometido darme su fulmíneo fuego para desbandarlos e incendiar sus naves. Haz tú lo que puedas; que graves borrascas retiemblen en el Egeo, y que revuelvan sus ondas saladas, y se llene de cadáveres el estrecho puerto de la Eubea.[12] Así respetarán los aqueos mis templos y venerarán a los demás dioses.

POSEIDÓN

No hablemos ya más, que no es necesario. Haré lo que anhelas, y removeré el mar Egeo; las riberas de Miconos,[13] las rocas de Delos, Esciros, Lemnos y el promontorio Cafereo se llenarán de cadáveres. Pero vete al Olimpo, recibe de manos de tu padre los fulmíneos dardos y deja que la armada aquea desate sus cables. Necio es cualquier mortal que conquista una ciudad y abandona sus templos y sepulcros, sagrado asilo de los muertos. Inevitable es su ruina.

HÉCUBA (que se incorpora).

Alza del suelo tu cabeza, ¡oh desventurada!; levanta tu cuello; ya no existe Troya, y nosotros no reinamos en ella. Sufre este nuevo golpe de la fortuna; navega siguiendo su corriente, navega por donde te lleve la suerte, y no vuelvas contra sus olas la proa de la vida, que te arrastra deidad caprichosa.

¡Ay, ay de mí! ¡Ay, ay de mí! ¿Cómo no he de llorar, sin patria, sin hijos y sin esposo? ¡Oh fastuosa pompa de mis mayores! ¡Cómo has venido a tierra! ¡Nada eras!

¡Tantas deberían ser mis quejas, tantos mis lamentos, que no sé por dónde empezar! ¡Desdichada de mí! ¡Tristemente reclino mis miembros, presa de insoportables dolores, yaciendo en duro lecho!

¡Ay de mi cabeza! ¡Ay de mis sienes y de mi pecho! ¡Cuánta es mi inquietud! ¡Cuánto mi deseo de revolverme en todos sentidos para dar descanso a mi cuerpo y abandonarme a perpetuos y lúgubres sollozos! ¡También los desdichados entonan su canto y dan al viento tristes ayes!

Estrofa 1.ª — ¡Proas ligeras de las naves, que arribasteis con vuestros remos a la sagrada Ilión, atravesando el mar purpúreo y los abrigados puertos de la Grecia al son de las flautas y de odiosos cantos, y os sujetaron, ¡ay de mí!, en la ensenada de Troya con cables torcidos por arte egipcio para rescatar la aborrecida esposa de Menelao, deshonra de Cástor[14] y afrenta del Eurotas,[15] por cuya causa fue degollado Príamo, padre de cincuenta hijos, y cayó sobre mí, sobre la desdichada Hécuba, esta calamidad!