IV.
El San Juan en los últimos treinta años.
En el año de 1836 volvió á aparecer la forma constitucional en nuestro sistema político y con ella la transformacion del antiguo Ayuntamiento; y como era de esperarse desde luego fué suprimida la ceremonia del pendon, sin que haya vuelto á figurar posteriormente, no obstante las variaciones gubernamentales que hemos tenido, porque en medio de estas, los Ayuntamientos conservaron por algunos años la organizacion constitucional y despues que la perdieron ya se habia perdido la costumbre de aquellas demostraciones.
Suprimido el paseo del pendon, no tomó parte por de pronto el Ayuntamiento mas que en lo tocante á la funcion religiosa; pero corriendo los años y sin duda para que no se perdieran del todo las costumbres anteriores, se encuentra que pocos años mas tarde, por el de 1841 y 42, la Corporacion municipal costeaba la música de la alborada de la leche, de que ya he dado noticia.
Apesar de esta poca participacion del Cuerpo popular y sin embargo de la falta de la ceremonia oficial, las fiestas del Patron fueron muy animadas algunos años; y las variaciones de su mayor ó menor esplendor dependian regularmente de la mejor ó peor situacion económica de la Isla. Empero, á medida que pasaban años y en medio mismo de la alegría con que se veia llegar el mes de San Juan, notóse que las carreras de caballos iban siendo menos concurridas; y que el número de animales de aquella especie que venian á alquilarse en las noches de las fiestas disminuia de un año á otro. El bando burlesco que se acostumbraba publicar la víspera de San Pedro á medio dia ya no era ni con mucho, en 1847, lo que solia ser en otros tiempos; y la mascarada que para él recorria las calles, apenas contaba una docena de ginetes, restos quizás de la gente de buen humor que á centenares se reunia en otras épocas.
De qué dependiera la decadencia que cada vez en mayor grado ofrecian las fiestas populares, es cosa que no creo que nadie pueda decir terminantemente; pues ni en toda la década de 1836 á 1846 tuvieron prohibicion alguna, ni se conoció motivo alguno ostensible que produjera el desaliento. La única razon que á ello puede atribuirse es el cambio rápido que en aquella época sufrieron las costumbres del pueblo, en proporcion del desarrollo mercantil que tenia la Isla y que, aumentando el movimiento marítimo, hacia acrecer de una manera, extraordinaria para entonces, el número de forasteros y estrangeros que se encontraban en nuestra ciudad. Tal vez contribuyó tambien algo á ello la disminucion que hubo en los negocios de caballos, sin duda porque la poblacion, que antes acudia á desparramarse por los campos, empezó ya desde 1837 á agruparse en las costas en donde la retenian los intereses mercantiles que al poco tiempo se vieron desarrollarse. La verdad es que en 1847 las fiestas de San Juan se encontraban muy decaidas; y que ni se encendian ya sino en muy corto número, en las noches de las vísperas y dias de San Juan y San Pedro, las candeladas ú hogueras, que en otro tiempo alumbraban todas las esquinas; ni habia en verdad motivo para hacerlo, puesto que era muy escaso el número de ginetes que recorrian las calles.
El San Juan de 1848, que estuvo muy animado por la circunstancia de que la poblacion quiso obsequiar al Gobernador Superior que entonces regia la Isla, hubiera sido sin duda la última llamarada de aquella luz que se apagaba por sí sola y por propia consuncion, á no haber venido posteriormente á reanimarla causas que pronto verán los lectores. En dicho año, no obstante, la misma diversion de las carreras tomó un aspecto que no era el que se le conocia; pues si bien se reunieron centenares de caballos que montaban ágiles ginetes y elegantes amazonas, no corrian aquellos desbandados por las calles, como era la costumbre, sino que formado cerrado escuadron llevaron una gran alborada, ó mejor dicho, una gran serenata al Gefe Superior de la Provincia; y en el mismo órden con que á su palacio concurrieron, continuaron la marcha por todas las calles, á la luz de los blandones que llevaban los lacayos. Y aun en medio mismo de la animacion que esta fiesta produjo, fué de notarse la decadencia en que ya estaban las diversiones, por el hecho de que, pasadas las noches de la víspera y dia de San Juan, en la primera de las cuales tuvo efecto la serenata, desaparecieron los caballos sin esperar las noches de San Pedro, en que muy pocos ginetes se vieron por las calles.
Las carreras de por las tardes, que en años anteriores ofrecian un bonito espectáculo por el crecido número de apuestas damas que, en ellas tomaban parte, casi no llamaban la atencion; porque ni habia aficionadas que quisieran conservar la costumbre, ni se traian ya caballos, como en otro tiempo, notables por su gallardía y escogido paso.