Pocos dias bastaron para realizar el pensamiento del Municipio, merced á la festinacion con que se trabajó; y el dia prefijado para el baile aquella plazuela poco antes abandonada se habia convertido como por encanto en uno de esos lindos palacios de hadas de que nos hablan las leyendas orientales. Un elegante edificio cuadrilongo de cincuenta varas de largo por treinta de ancho, abierto por todos sus costados, excepto el del textero principal, dejaba ver un espacioso salon de techo plano, exhornado simplemente con grandes medallones de flores y alegorías del baile y sostenido por cien esbeltas columnas cuyo único adorno consistia en brazos de luces de gas y en lindas lámparas de cristal que daban al centro del salon. En los cuatro ángulos de este se hallaban cuatro departamentos cerrados que comprendian un gabinete para la familia del Gobernador Superior y otro para tocador de Sras.; un salon de descanso para caballeros; otro para café y otro para ropería; y á los costados del pórtico dos tribunas para la música. Vaporosas cortinas de gasa era todo lo que cerraba aquel bellísimo templo de Terpsícore, que adornaban grandes guirnaldas de flores prendidas del techo y uniendo entre sí las columnas, en cuyos centros y sobre las balaustradas que circuian el ámbito descollaban grandes jarrones de flores naturales que hacian juego con otros jarrones de pórfido que adornaban el textero principal hasta su mismo centro, en el que descollaba bajo un sencillo pero bonito docel el retrato de nuestra Augusta Soberana. Los pocos macizos que presenta interiormente el edificio estaban cubiertos de elegantes espejos de grandes dimensiones que reproduciendo la luz, el movimiento y las espaciosas naves del salon, aumentaban todavia más el aspecto fantástico de aquel lugar en que rivalizaban sin duda la grandiosidad, la sencillez y el buen gusto.

Los dos gabinetes dispuestos para la familia del Gobernador Superior y para tocador de las damas, figuraban dos tiendas elegantes de ligera tela, la primera azul con estrellas de oro y la segunda verde salpicada de pequeños grupos de flores, cerrándose las entradas y ventanas con grandes biombos y cortinas de damasco carmesí. Ricas y caprichosas alfombras tapizaban los pisos; perfumadas fuentes embalsamaban el ambiente, y lujosas consolas y sillones decoraban ambas habitaciones.

Visto desde fuera aquel diáfano salon, al resplandor de los centenares de brillantes luces que en su interior ardian reproduciéndose hasta el infinito en los numerosos espejos y dando vida á los vívidos y variados colores de las flores que en profusion habia por todas partes, presentaba en verdad un aspecto fantástico y encantador, que ninguna otra fiesta habia tenido hasta entonces en nuestro pueblo; y animado por los ecos de la música y el voluptuoso movimiento de centenares de parejas que lo llenaban sin oprimirse, ofrecia un conjunto tan nuevo y caprichoso que el público en general ni aun se habia formado idea de él. Por eso, además del crecidísimo número de personas que visitaron el salon antes de que diera principio el baile, en cuanto este comenzó cinco mil personas lo menos, de todas clases y condiciones, se agruparon en todas las calles de los alrededores para gozar de aquel bellísimo espectáculo, que salia con mucho de la esfera de todo lo que se ha realizado hasta ahora entre nosotros.

Si por los motivos que antes he indicado y que indudablemente existian era necesario que la fiesta fuese expléndida, el Ayuntamiento puede tener la satisfaccion de que ha superado á todo lo que se esperaba; y la numerosa concurrencia que á ella asistió y pasó horas tan cortas como gratas, obsequiada profusa y finamente por la Corporacion popular, lo mismo que los espectadores que no hicieron mas que ver la diversion desde fuera, conservarán siempre los mas agradables recuerdos de ella. Las horas pasaban allí tan rápidamente que sin apercibirse de ello se agotó el programa del baile y hubo de prorrogarse este hasta que el nuevo dia llamaba á la gente á la alborada de la leche.

Hoy ya el corazon del cronista no tiene mas que las decepciones hijas de los años y las tristezas propias de quien ha perdido sus mas caras afecciones; pero, á traves de este fúnebre crespon, se le presentan con toda la gala de los años juveniles, con todo el encanto que les presta el amor, las ilusiones que fascinan á la juventud, dulces como el primer beso del aura en la mañana, halagadoras como las alegres esperanzas que en sí llevan; y pasan por la imaginacion como vívidos relámpagos que iluminan por un momento brillantemente la atmósfera de nuestros mas hermosos recuerdos. Por eso el corazon del cronista, aunque no las siente, comprende las ilusiones que transportan á las almas jóvenes, cuando halagadas por una fiesta como la de que me ocupo, experimentan las gratas emociones que de ella brotan y que un casto y puro amor engalana y llena de nuevos encantos.

¡Cuántas y cuán dulces emociones! ¡Cuántos y cuán puros placeres del alma, que se evaporan con los años ó que la materialidad de la vida llega á veces á corromper! Aquí, sin embargo, se halla el límite del cronista, que no debe ir mas allá, reducido como tiene que estar á la descripcion de lo que vé y cuando mas á sus propias impresiones. Las agenas deben ser terreno vedado para él; y correría mucho riesgo de ser impertinente para alguna jóven á quien está muy lejos de querer disgustar; ó de despertar celos infundados perturbando alguna dicha que tendria complacencia por el contrario en conservar. Hagamos pues, lector, punto redondo y continuemos la descripcion de los bailes, no me atrevo á decir interrumpida, porque las ilusiones forman la parte principal de aquellas fiestas.

Despues del baile del Ayuntamiento sigue por órden cronológico el que dieron los Gefes y Oficiales de la guarnicion. Poco ó nada parecia que podia esperarse en vista de la esplendidez y buen éxito de la fiesta dada por la Corporacion popular; pero, en obsequio á la verdad, necesario es reconocer que la de los Militares tuvo ciertamente novedad respecto á la primera. El local en que se dieron ambas era el mismo, pero se hallaba completamente transformado. A los costados esteriores del edificio se habia levantado un parterre adornado con arquerías de follage é iluminado con farolitos de colores; y en los cuatro ángulos se habian colocado cuatro lijeros kioscos que servian de cenadores. En el interior, además de los profusos adornos de luces, flores y espejos que habia habido la primera noche, exhornaban el salon multitud de trofeos é insignias militares distribuidos con simétrico gusto y que daban un aspecto del todo nuevo á aquel lindo local.

La concurrencia en esta noche fué sin duda mucho mas numerosa que en la anterior, en términos de oprimirse á pesar de lo espacioso del salon; y si grata le fué la primera fiesta no menos complacida quedó en esta por la novedad que en ella encontró. Al fulgor de las multiplicadas luces que iluminaban el salon y de la ardiente languidez de las miradas propias de las hijas de nuestro suelo, de seguro que brotaron allí las ilusiones del amor cual lozanas flores, que tal vez marchite mas tarde el soplo helado del olvido, ó que quizás se conviertan en alegres realidades que concluirán por brillar á la luz de la antorcha de Himeneo.

El cronista se guardará muy mucho de adelantar un solo paso en estas historias íntimas que no pertenecen á las fiestas del S. Juan por mas que una de estas les haya dado vida; y se concreta por consiguiente á consignar que el baile de los Militares fué tan espléndido como lo habia sido el del Ayuntamiento; y que reinaron la animacion y la alegría haciendo correr dulce é insensiblemente las horas de la noche, hasta que la luz del nuevo dia vino á anunciar á los concurrentes que era necesario abandonar aquel sitio de tan grato solaz.

Cuatro dias despues, el 29, tuvo lugar el baile de los Empleados civiles y no parece sino que por arte mágico se transformaba el salon de Santiago tan rápida como elegantemente, ofreciendo nuevos y variados atractivos cuando era de suponerse que se habian agotado todos los que pudieran emplearse. El golpe de vista que en esta última noche presentaba aquel bonito local era en efecto completamente distinto del de las noches anteriores; y si en estas habia reinado buen gusto en los adornos no lo hubo menos en la que le toca ahora el turno.