Y contra lo que esperaba, contestó indignado el médico:

—¡No! ¡Maldita carrera, que me obliga a contemplar tales miserias! ¡Esa divina criatura morirá tísica antes que su novio ascienda!... Yo he podido decirle a la madre: “Imbécil, tu hija no tiene falta de vida, sino vida que le sobra, que la abrasa, que la ahoga una y mil veces desde los quince años, agitándola enloquecida de ansia de amor, al volver del baile a su lecho solitario de odiosa virgen, contemplando su hermosura inútil... mientras que el novio que la enciende, va a concluir la noche encima de alguna prostituta.” Y ya lo ves: hierro, gotas de hierro, y cobrar diez duros: porque si yo les diese la verdadera receta, a las madres, para estas pobres vírgenes... y mártires, ya hace tiempo que pasaría por un loco sinvergüenza y no vendría nadie a mi consulta. ¡Oh, qué farsa es la vida!

FIN

ÍNDICE

Páginas
[La niña mimosa][5]
[Tu llanto y mi risa][13]
[El oro inglés][19]
[Paraíso perdido.—Recuerdos de Mindanao][25]
[La primera conquista][31]
[La tempestad][37]
[Paga anticipada][45]
[La toga][51]
[Por ahí][57]
[El suceso del día][63]
[Mi prima me odia][69]
[El recuerdo][77]
[Pruebas de amor][87]
[Mujeres prácticas][95]
[Genio y figura][103]
[Villaporrilla][111]
[Luzbel][117]
[Jugar con el fuego][125]
[La receta][133]