Ya se sabe que las poblaciones nuevas necesitan auxilios. Los que pueden darse á las proyectadas son soportables al ramo de guerra, que no tiene otro destino que la seguridad y poblacion de los campos. Me parece que á cada sargento, cabo y blandengue se le puede anticipar, para hacer su casita, 80 pesos, de los cuales la mitad ha de quedar á su favor, y el resto lo podrá devolver en 2 ó 3 años, descontándolo de su prest. A todo paisano pobre y poblador se le podrá adelantar igual cantidad de 80 pesos, sin cargo de devolverla, dándoles ademas el primer año un real diario por familia, para que puedan subsistir mientras siembran y se habilitan. En esta gracia no deben comprenderse los blandengues porque tienen su sueldo, y á fin de que no se aventuren las anticipaciones, se cuidará de no hacerlas sino á proporcion del adelantamiento que se vea, á proporcion de la fábrica da la casa, y esta ha de valer á lo menos la cantidad que se adelantase. Tambien es preciso que nadie pueda enagenar su casa, sitio ni tierras, ni dejar de ser vecino en ocho años, sópena do perderlo todo, con los costos que hubiere hecho, y los derechos y prerogativas de poblador. Y si por muerte ó sucesion pasasen las casas, &a., de padres á hijos, estos han de estar ligados con las mismas condiciones en dicho tiempo. Igualmente debe suplir el ramo de guerra el costo de las mediciones y diligencias del reparto, y 500 pesos para sínodo de un cura en cada villa, el cual no deberá exigir derecho alguno de sus feligreses, ni otras ofrendas ò limosnas que las voluntarias, en los cuatro primeros años. En los cuatro siguientes cobrará el cura la mitad de los derechos parroquiales, en compensacion de la mitad del sínodo que se le rebajará; y pasados los ocho años se le quitará el sínodo, y percibirá los derechos parroquiales por entero como todos los demas curas. Por supuesto que el propio ramo debe costear la capilla ó iglesia, y la casa capitular: pero como todo pueblo es un seminario de enredos, es preciso que à los diez años primeros no haya casa capitular, alcaldes y cabildos, ni mas gefes que el militar, y que esto lo sea en todo.
Con lo dicho se verá antes de dos años que cada fuerte será una villa de mas de mil almas, porque á mas de los pobladores que acudirán de todas partes, todos los que hay en los fuertes actuales, que no bajan de 800 á 1,000 en cada uno, se trasladarán infaliblemente á las nuevas villas, estimuladas de los auxilios y de la propiedad de las tierras, que no tienen donde estan. Verdad es que en esta parte no se logrará otra cosa que llevar la gente mas adelante, sin aumentar, lo que se desea, la poblacion de las pampas. Este es un inconveniente que pudo precaverse cuando se fundaron las guardias actuales, repartiendo las tierras, pues era fácil conocer que nadie permaneceria donde nada tenia, sino lo que podia tocarle del sueldo que esparcian los blandengues, y que faltando este recurso, era preciso que abandonasen el sitio y las tierras, dejándolas como cuando las hallaron, sin un árbol ni durazno para fruta y leña. Si en el establecimiento de nueva frontera se sigue la misma idea que en la actual, de no repartir la tierra á los pobladores por venderla á los forasteros, seguramente se tocará la dificultad de que las villas serán insubsistentes, porque seguirán á los blandengues si se mudan mas adelante, como infaliblemente ha de verificarse con el tiempo. Para remediar este mal no veo otro recurso que el de repartir, y dar debalde los terrenos á los que se quieran quedar.
Por lo que toca á la oposicion que se puede temer do los indios, la considero de poca monta. Algunos caciques han convenido en que nos avancemos lo que se proyecta, y estamos en paz. Pero aun en la guerra se hallaria dificultad en que se arrancasen las estacadas de las fuertes y fortines, y que las carretas que van por sal y salen de toda la frontera, las cargen de balde en un dia, llevándolas á los nuevos sitios, en lo que no extraviarian camino notablemente, y se podrian plantar en otro dia, quedando las trapas y demas trabajos á cubierto.
Todavia me ha parecido indicar á V. E. otro medio de asegurar la tranquilidad y posesion de los pampas, con mayor brevedad, ventaja y extension. Ya dije que el motivo de robar los indios los ganados de esta capital, era el de llevarlos á Chile. El camino por donde los conducen es pasando el Rio Colorado, y dirigiéndose al punto inmediato de Chuelechel en el Rio Negro, que luego costean hasta la Cordillera. Consta esto de la explicacion que puso el piloto D. Basilio Villarino en el mapa que hizo poco há de dicho Rio Negro; donde tambien asegura ser esta derrota única, no solo para los indios de la Cordillera, sino tambien para los de sus faldas y llanos orientales, porque cualquiera otro camino no tiene agua. Fundado en eso, dice el mismo Villarino, que si nos establecemos en Chuelechel será imposible que los bárbaros puedan conducir á Chile los ganados robados.
Con estos antecedentes parece que deberia V. E. hacer entrar por el Rio Negro una ó dos chalupas de las que hay en nuestro establecimiento, dirigidas por algun inteligente ó dos, que llegasen á Chuelechel y le reconociesen con reflexion y conocimiento, para verificar lo que dice Villarino: pues siendo cierto, es fácil introducirnos desde nuestro establecimiento hasta Chuelechel, y formar en él un fuerte como los mencionados, poca mas ó menos, guarneciéndolo de 60 blandengues y 20 presidarios con dos chalupillas. Segun el mapa de dicho piloto, distaria este fuerte de nuestro actual establecimiento como 80 leguas, que ademas de ser navegables, las han andado nuestras carretas. Quizás se hallará que conviene hacer dicho fuerte en la costa del rio, donde el mapa figura una muy grande isla, de buen terreno para cultivos y para mantener muchos ganados con seguridad. Yo no debo entrar en mayores detalles sobre el particular, porque para hablar con fundamento es menester esperar las noticias que ha de traer el comisionado, á quien se habrá de dar instrucion correspondiente.
Me limito, pues, á decir, que miro muy factible y fàcil establecernos en Chuelechel, y que con esto, siendo cierto lo que asegura Villarino, seriamos dueños de las pampas, desde aquí al Rio Negro pues, aunque quedarian algunos bárbaros en este espacio, no habria motivo para temerles, porque no son muchos, ni aun la sexta parte de lo que el vulgo se figura; y ademas no se atreverian á insultarnos, viéndese cortados, sin poder huir para el sur á pasar el Rio Negro, ni para la Cordillera, tomando el paso preciso de Chuelechel. Tampoco tendrian motivo de incomodarnos, porque no hallarian á quien vender el ganado robado que ellos no necesitan, contentándose con comer baguales y quirquinchos que abundan en las pampas. En fin, amparándonos de este paso preciso, no podrian los indios del sur del Rio Negro ni los de la Cordillera y sus faldas, introducirse en estas pampas, para unirse con sus indios y robar nuestros ganados, como hasta aquí ha sucedido.
De este modo se facilitaria mucho la poblacion que se desea, y tanto conviene al estado, en la Costa Patagónica. Se entablaria insensiblemente comercio por el Rio Negro con los indios laboriosos que hay en la Cordillera y sus faldas, con Chile: quizás sucederia lo mismo con la ciudad de Mendoza, por el Rio Diamante que entra en el Negro, y es navegable en las crecientes, segun dice Villarino; y sobre todo, esta capital adelantaria una extension que no baja de 5,000 leguas cuadradas, en que, sin hacer caso de otra cosa, podria mantener mas ganados de los que hay en todos los campos de la otra banda, sin que ningun extrangero pudiese participar de sus cueros. Ultimamente, con esto se haria V. E. inmortal, sacando á la capital de su vireinato del estado vergonzoso en que se halla, reducida por pocos bárbaros despreciables á límites tan estrechos, que en un dia se puede salir fuera, y son los mismos que tomó Garay, su fundador, cuando solo constaba de 60 hombres, 216 años há.
Los costos que puede tener esta idea son muy inferiores á lo que es capaz de sufrir el ramo de guerra, que los recobraria en breve con el aumento de cueros. Tenemos franca la entrada en el Rio Negro, y un establecimiento, chalupa y carretas en su boca: todo está incitando á continuar. Si á alguno le pareciese arriesgado que internemos 80 leguas por el Rio Negro, será porque no se acuerda de que somos españoles, de que Garay fundó los fuertes de San Salvador y Santi Espiritu, y Oyolas el de la Asumpcion, á mayores distancias de España, y entre sí, guarneciéndolos con menos de 100 hombres; y hace tres años que 50 milicianos paraguayos han hecho el Fuerte de Borbon en iguales circunstancias, y en medio de mayor número de bárbaros, mas guerreros y de mayor pujanza que los que hay por acá. Lo peor que puede suceder es que el camino que dicho piloto supone único, no lo sea, sino que haya dos ó tres. Nada quiere decir esto, pues se reduce á tomarlos todos, cuyo costo es muy inferior á la adquicion de tantas ventajas.
He dicho mi dictámen con la claridad posible; pero como recae sobre materia tan grave, será bueno que V. E. lo haga ver á D. Nicolas de la Quintana, á D. Manuel Pinazo, al gremio de hacendados, al Ilustre Ayuntamiento y á otras personas y cuerpos, haciéndoles fundar los puntos en que discordasen, para que, mejor impuesto, pueda V. E. resolver lo que tuviese por conveniente.
Nuestro Señor guarde á V. E. muchos años. Buenos Aires, 31 de Julio de 1796.