Un Milano, después de haber vivido
Con la conciencia peor que un forajido,
Enfermó gravemente.
Supuesto que[158] el paciente
Ni á Galeno ni á Hipócrates leía,
Á bulto conoció que se moría.
Á los dioses desea ver[159] propicios,
Y ofrecerles entonces sacrificios
Por medio de su madre, que afligida
Rogaría sin duda por su vida.
Mas ésta le responde:—Desdichado,
¿Cómo podré alcanzar para un malvado
De los dioses clemencia,
Si, en vez de darles culto y reverencia,
Ni aun perdonaste á víctima sagrada
En las aras divinas inmolada?
Así queremos, irritando al cielo,
Que en la tribulación nos dé consuelo.
FÁBULA IV
El León envejecido.
Al miserable estado
De una cercana muerte reducido,
Estaba ya postrado
Un viejo León del tiempo consumido:
Tanto más infeliz y lastimoso,
Cuanto había vivido más dichoso[160].
Los que cuando valiente,
Humildes le rendían vasallaje,
Al verlo decadente,
Acuden á tratarle con ultraje;
Que, como la experiencia nos enseña,
Del árbol caído todos hacen leña.
Cebados á porfía,
Le sitiaban sangrientos y feroces.
El Lobo le mordía;
Tirábale el Caballo fuertes coces;
Luego le daba el Toro una cornada[161];
Después el Jabalí su dentellada.
Sufrió constantemente
Estos insultos; pero reparando
Que hasta el Asno insolente
Iba á ultrajarle, falleció clamando:
—Esto es doble morir: no hay sufrimiento,
Porque muero injuriado de un Jumento[162].
Si en su mudable vida
Al hombre la Fortuna ha derribado
Con misera caída
Desde donde lo había ella encumbrado;[163]
¿Qué ventura en el mundo se promete,
Si aun de los viles llega á ser juguete?
FÁBULA V
La Zorra y la Gallina.
Una Zorra cazando,
De corral en corral iba saltando
Á favor de la noche en una aldea.
Oye al Gallo cantar: «¡maldito sea!»
Agachada, y sin ruido,
Á merced del olfato y del oído,
Marcha, llega, y oliendo á un agujero[164],
«Éste es», dice; y se cuela al gallinero[165].
Las aves se alborotan, menos una,
Que estaba en cesta como niño en cuna,
Enferma gravemente.
Mirándola la Zorra astutamente,
La pregunta:—¿Qué es eso, pobrecita?
¿Cuál es tu enfermedad? ¿tienes pepita[166]?
Habla: ¿cómo lo pasas, desdichada?
La enferma le responde apresurada:
—Muy mal me va, señora, en este instante;
Muy bien, si usted se quita de delante.
¡Cuántas veces se vende un enemigo,
Como gato por liebre,[167] por amigo!
Al oír su fingido cumplimiento,
Respondiérale yo para escarmiento:
Muy mal me va, señor, en este instante;
Muy bien, si usted se quita de delante.