Congreso de los Ratones[173].
Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,
Que, después de las aguas del diluvio,
Fué padre universal de todo gato,
Ha sido Miauragato[174]
Quien más sangrientamente
Persiguió á la infeliz ratona gente[175].
Lo cierto es, que obligada
De su persecución la desdichada,
En Ratópolis[176] tuvo su congreso.
Propuso el elocuente Roequeso[177]
Echarle un cascabel, y de esa suerte
Al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno á uno.
¿Quién lo ha de ejecutar? eso ninguno.
—Yo soy corto de vista, yo muy viejo,
Yo gotoso, decían. El consejo
Se acabó como muchos en el mundo.
Proponen un proyecto sin segundo:
Lo aprueban. Hacen otro: ¡qué portento!
¿Pero la ejecución? ahí está el cuento.
FÁBULA IX
El Lobo y la Oveja.
Cruzando montes y trepando cerros,
Aquí mato, allí robo,
Andaba cierto Lobo,
Hasta que dió en las manos de los perros.
Mordido y arrastrado
Fué de sus enemigos cruelmente:
Quedó con vida milagrosamente,
Mas inválido al fin y derrotado.
Iba el tiempo curando su dolencia,
El hambre al mismo paso le afligía;
Pero, como cazar aun no podía,
Con las hierbas hacía penitencia.
Una Oveja pasaba, y él la[178] dice:
—Amiga, ven acá: llega al momento:
Enfermo estoy, y muero de sediento[179]:
Socorre con el agua á este infelice[180].
—¿Agua quieres que yo vaya á llevarte?
Le responde la Oveja recelosa;
Díme pues una cosa:
¿Sin duda que será para enjuagarte,
Limpiar bien el garguero,
Abrir el apetito,
Y tragarme después como á un pollito?
¡Anda, que te conozco, marrullero!
Así dijo, y se fué; si no, la mata.
¡Cuánto importa saber con quien se trata!
FÁBULA X
El Hombre y la Pulga.
—Oye, Júpiter sumo[181], mis querellas,
Y haz, disparando rayos y centellas,
Que muera este animal vil y tirano,
Plaga fatal para el linaje humano;
Y si vos no lo hacéis, Hércules sea
Quien acabe con él y su ralea[182].
Éste es un Hombre que á los dioses clama,
Porque una Pulga le picó en la cama,
Y es justo, ya que el pobre se fatiga,
Que de Júpiter y Hércules consiga,
De éste, que viva despulgando sayos;
De aquél, matando pulgas con sus rayos.
Tenemos en el cielo los mortales
Recurso en las desdichas y los males;
Mas se suele abusar frecuentemente,
Por lograr un antojo impertinente.