El Tordo Flautista.
Era un gusto el oír, era un encanto,
Á un tordo gran flautista, pero tanto,
Que en la gaita gallega,
Ó la pasión me ciega,
Ó á Misón le llevaba mil ventajas.
Cuando todas las aves se hacen rajas[452]
Saludando á la aurora,
Y la turba confusa charladora[453]
La[454] canta sin compás y con destreza
Todo cuanto la viene á la cabeza,
El flautista empezó: cesó el concierto.
Los pájaros con tanto pico abierto
Oyeron en un tono soberano
Las folías[455] la gaita y el villano[456].
Al escuchar las aves tales cosas,
Quedaron admiradas y envidiosas;
Los jilgueros preciados de cantores,
Los vanos ruiseñores,
Unos y otros corridos,
Callan entre las hojas escondidos.
Ufano el Tordo grita:—Camaradas,
Ni saben, ni sabrán estas tonadas
Los pájaros ociosos,
Sino los retirados estudiosos.
Sabed, que con un hábil zapatero
Estudié un año entero:
Él dale que le das á sus zapatos,
Y alternando, silbábamos á ratos.
En fin, viéndome diestro,
—Vuela al campo, me dice mi maestro,
Y harás ver á las aves de mi parte
Lo que gana el ingenio con el arte.
FÁBULA XV
El Raposo y el Lobo.
Un triste Raposo
Por medio del llano
Marchaba sin piernas,
Cual otro soldado,
Que perdió las suyas
Allá en Campo Santo.
Un Lobo le dijo:
—Hola, buen hermano,
Diga, ¿en qué refriega
Quedó tan lisiado?
—¡Ay de mí! responde;
Un maldito rastro
Me llevó á una trampa,
Donde por milagro,
Dejando una pierna,
Salí con trabajo.
Después de algún tiempo
Iba yo cazando[457],
Y en la trampa misma
Dejé pierna y rabo.—
El Lobo le dice[457]
—Creíble es el caso:
Yo estoy tuerto, cojo
Y desorejado
Por ciertos mastines,
Guardas de un rebaño.
Soy de estas montañas
El Lobo decano,
Y como conozco
Las mañas de entrambos,
Temo que acabemos,
No digo enmendados,
Sino tú en la trampa,
Y yo en el rebaño.
Que el ciego apetito
Pueda arrastrar tanto
Á los brutos, pase,
¡Pero á los humanos!
FÁBULA XVI
El Ciudadano Pastor.
Cierto joven leía
En versos excelentes
Las dulces pastorelas[458]
Con el mayor deleite.
Tenía la cabeza
Llena de prados, fuentes,
Pastores y zagalas,
Zampoñas y rabeles.
Al fin, cierta mañana
Prorrumpe de esta suerte:
—¡Yo he de estar prisionero
Cercado de paredes,
Esclavo de los hombres,
Y sujeto á las leyes,
Pudiendo, entre pastores,
Grata y sencillamente
Disfrutar desde ahora
La libertad campestre!
De la ciudad al bosque
Me marcho para siempre:
Allí naturaleza
Me brinda con sus bienes;
Los árboles y ríos
Con frutas y con peces;
Los ganados y abejas
Con la miel y la leche;
Hasta las duras rocas
Habitación me ofrecen
En grutas coronadas
De pámpanos silvestres.
Desde tan bella estancia,
¡Cuántas y cuántas veces,
Al son de dulces flautas,
Y sonoros rabeles,
Oiré á los pastores,
Que discretos contienden,
Publicando en sus versos
Amores inocentes!
Como que ya diviso
Entre el ramaje verde
Á la pastora Nise[459],
Que al lado de una fuente,
Sentada al pie de un olmo,
Una guirnalda teje.
¿Si será para Mopso[460]?...—
Tanto el joven enciende
Su loca fantasía,
Que ya en fin se resuelve,
Y en zagal disfrazado,
En los bosques se mete.
Á un rabadán[461] encuentra,
Y le pregunta alegre:
—Díme, ¿es de Melibeo
Ese ganado[462]?—Miente,
Que es mío; y sobre todo,
Sea de quien se fuere.
—No respondió el buen hombre
Muy poéticamente.
El Joven temeroso
De que tal vez le diese
Con el fiero garrote
Que por cayado tiene,
Sin chistar más palabra[463],
Huyó bonitamente.
Marchaba pensativo,
Cuando quiso la suerte
Que cogiendo bellotas
Á la pastora viese.
—¡Oh Nise fementida!
Exclama: ¡cuántas veces,
Siendo niña, querías
Que yo te recogiese
La fruta con rocío
De mis manzanos verdes!—
Diciendo así, se acerca:
La moza se revuelve,
Y dándole un bufido
En las breñas se mete.
Sorprendido el Mancebo,
Dice: «¿Qué me sucede?
¿Son éstos los pastores
Discretos, inocentes,
Que pintan los poetas
Tan delicadamente?
Á nuevos desengaños
Ya no quiero exponerme.»
Rendido, caviloso
Á la ciudad se vuelve.
Yo siento á par del alma
Que no se detuviese
Á disfrutar un poco
De la vida campestre.
Por mi fe que las migas,
El pastoril albergue,
El rigor del verano,
Los hielos y las nieves,
Le hubieran persuadido
Mucho más vivamente,
Que es un solemne loco[464]
Todo aquel que creyere
Hallar en la experiencia
Cuanto el hombre nos pinta por deleite.