FÁBULA II

La Cigarra y la Hormiga

Cantando la Cigarra,
Pasó el verano entero
Sin hacer provisiones
Allá para el invierno.
Los fríos la obligaron
Á guardar el silencio,
Y á acogerse al abrigo
De su estrecho aposento.
Vióse desproveída[15]
Del preciso sustento,
Sin mosca, sin gusano,
Sin trigo, sin centeno.
Habitaba la Hormiga
Allí tabique en medio[16],
Y con mil expresiones
De atención y respeto
La dijo:—Doña Hormiga,
Pues que en vuestros graneros
Sobran las provisiones
Para vuestro alimento,
Prestad alguna cosa
Con que viva este invierno
Esta triste Cigarra,
Que alegre en otro tiempo,
Nunca conoció el daño,
Nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
Que fielmente prometo
Pagaros con ganancias,
Por el nombre que tengo.—
La codiciosa Hormiga
Respondió con denuedo,
Ocultando á la espalda
Las llaves del granero:
—¡Yo prestar lo que gano
Con un trabajo inmenso!
Díme pues, holgazana,
¿Qué has hecho en el buen tiempo?
—Yo, dijo la Cigarra,
Á todo pasajero
Cantaba alegremente
Sin cesar ni un momento.
—¡Hola! ¿conque cantabas
Cuando yo andaba al remo[17]?
Pues ahora que yo como,
Baila ¡pese á tu cuerpo!

FÁBULA III

El Muchacho y la Fortuna.

Á la orilla de un pozo,
Sobre la fresca hierba,
Un incauto mancebo[18]
Dormía á pierna suelta.
Gritóle la Fortuna:
—Insensato, despierta;
¿No ves que ahogarte puedes
Á poco que te muevas?
Por ti y otros canallas
Á veces me motejan,
Los unos de inconstante,
Y los otros de adversa.
Reveses de fortuna
Llamáis á las miserias:
¿Por qué, si son reveses
De la conducta necia?

FÁBULA IV