— Ese sois vos.

¡Las sanguijuelas! prosiguió D. Galo sacando el cincuenta y cinco.

— Pando, conspirais.

¡Los canónigos! cantó este sacando el diez.

— D. Galo, sois el inexorable Destino.

¡La edad de Cristo!

— D. Galo, abusais de la presidencia.

¡Los escapularios! dijo D. Galo sacando el cuarenta y cuatro.

— ¡Lotería! esclamó con júbilo Clemencia, levantando su radiante semblante, que hasta entónces habia tenido inclinado sobre sus cartones.

Al ver aquella cara tan estraordinariamente linda, el Marques de Valdemar quedó admirado.