— ¿A quién?
— A San Vicentico, respondió D. Galo sacando el veinte y cinco.
— ¿Habeis aprendido vuestra numeracion del sabio Confucio, D. Galo?
— ¡El único! repuso este sacando el uno.
— ¡El UNICO! repitió Constancia, cubriendo el uno en su carton, y lanzando toda su alma en una furtiva mirada al desesperado Bruno, que por dos veces durante su diálogo con el Marques habia hecho un movimiento para levantarse de su asiento y alejarse, y dos veces se habia hecho dueño de este primer impulso, quedándose en el potro de tormento donde bebia gota á gota el cáliz de la amargura.
Es lo referido en este capítulo un bosquejo exacto de la vida social, tal cual la hemos hecho; esto es, una fusion de juegos y risas frívolas que se ostentan, y de pasiones y dolores profundos que se ocultan.
CAPITULO VIII.
La Marquesa, que á pesar de lo absorta que habia estado su atencion la noche anterior por el tresillo, por la mojadura de la vela y por la mutilacion de su querido Mercurio, al que de tantas, solo un ala quedaba, no habia dejado de notar la chocante conducta de Constancia para con el Marques, tuvo con ella al dia siguiente una violenta escena.
— No os canseis, madre, le dijo esta, ni vos ni nadie haréis jamas que me case contra mi voluntad; tampoco me casaré contra la vuestra: esto es todo lo que teneis derecho á exigir de mí.
De aquí no fué posible sacarla, ni con halagos, ni con ruegos, consejos ni amenazas.