[9] Esta leyenda del Señor del Socorro, o por mejor decir, esta relación verídica del suceso que es asunto del cuadro, la testificaba el mencionado trabuco, que a los pies del altar se veía en su capilla, sita en la calle del Ganado, del Puerto de Santa María. Ha poco (en 1855) ha sido cerrada. El señor vicario de dicho punto, según tenemos entendido, reclama el cuadro para que se le dé culto en la iglesia mayor. Estamos persuadidos de que si logra su deseo, no se atreverá, merced a la ilustración que tanto realza y distingue a nuestra próspera y culta era, poner a los pies del altar el antiguo y roto trabuco que al reventar salvó la vida a los dos devotos que al Señor pedían socorro. ¿Qué diría el decoro protestante, que se nos va inoculando como un humor frío, de ver un trabuco en una iglesia? ¿Qué los que acatan la letra y no el espíritu?...
[10] Palmera enana: el Camerops de los botánicos.
[11] Una merluza.
[12] Dinumeraverunt omnia ossa mea.
[13] Es decir: pronto, ve de prisa.
[14] Es común en el pueblo la superstición de que los gallos viejos ponen un huevo, del que sale a los siete años un basilisco. Añaden que este mata con la vista a la primera persona que ve; pero que muere él si la persona le ve a él primero.
[15] Las cosas que cree y refiere el pueblo, aunque adornadas por su rica y poética imaginación, tienen siempre algún origen. En la segunda parte de la obra intitulada Simples incógnitos en la medicina, escrita por fray Esteban de Villa, e impresa en Burgos en 1654, hallamos este párrafo, que coincide con lo que dice el pastor:
«La ibis (que quieren sea la cigüeña) enseñó el uso de las ayudas, que se echa a sí misma llenando de agua la boca, sirviéndole lo largo del pico para el efecto. El perro, el uso del vomitivo, comiendo la grama, que para él es de virtud vomitiva. El caballo marino la sangría, cuando se siente cargado de sangre, abriéndose la vena con punta de caña que le sirve de lanceta, y el barro de venda, revolcándose en él, con lo que cierra la cisura. La golondrina, el colirio en la Celidonia, con que da vista a sus pollos y nombre a esta planta, que se dijo hirundinaria, por su inventor la golondrina, etc.»
[16] Este verso no se puede decir, sino con la manera de abreviar las palabras que el pueblo gasta pronunciando quieen por quieren.
[17] El ilustre literato, el estudioso recopilador, el sabio bibliófilo don Juan Nicolás Böhl de Faber, a quien debe la literatura española el Teatro anterior a Lope de Vega, y la Floresta de rimas castellanas, trae en el primer tomo de esta colección, página 255, el siguiente romance antiguo, de autor no conocido. Nos ha parecido curioso el reproducirlo aquí por tratar el mismo asunto que trata esta canción. No somos competentes para juzgar si habrá sido que el canto popular subió del pueblo al poeta culto que lo rehizo, o si bajaría del poeta culto al popular que lo simplificó y trató a su manera, o si bien sería el suceso un hecho cierto, que simultáneamente cantaron, aunque parece el lenguaje de la canción del pueblo más moderno.