Su corazón es un tesoro inagotable de bondades y siempre es de las primeras, cuando no la iniciadora, en toda idea noble y altruista. ¡Dejaría de ser ángel de caridad, siendo tan artista!
PARÉS, Josefino.
Fué un virtuose de la guitarra. Nació en Morovis en 1862 muriendo repentinamente en Manatí el 18 de marzo de 1908. Fué artista por temperamento, por el estudio, y si se nos permite la frase, por necesidad, ya que únicamente en las manifestaciones artísticas hubiera podido expandir los delicadísimos sentimientos de su alma.
Discípulo en Barcelona del gran guitarrista catalán, Ferrer y Esteva, durante dos años fueron tan sorprendentes los progresos que hiciera, que un día, asombrado el profesor con la interpretación que diera a una de sus obras más difíciles, le dijo: "No tengo más que enseñarle, usted me supera."
Las cuerdas del dulcísimo a la par que difícil instrumento, cuando eran pulsadas por los dedos de Josefino Parés, vibraban con tan sonora expresión y arte, que el oyente se sobrecogía y extasiaba cual si las vibraciones que percibiera lo fuesen de la armonía celeste, que según el gran Rossini, es imposible concebirla en el mundo material por la insuficiencia del grosero lenguaje que se emplea: la música.
Interpretaba acertadas y difíciles transcripciones, para guitarra, de obras clásicas, con un punteo claro, conciso, de igualdad absoluta en los acordes.
Los trastes del instrumento los conocía tan profundamente, que al acompañar de oído a un buen instrumentista o cantante, seguía los movimientos armónicos y modulantes cual si lo hiciera al piano o por lectura del original. Oímos buenos guitarristas en España, pero ninguna tenía la fuerza de expresión que Parés.
En la fantasía Variaciones sobre el Carnaval de Venecia ponía de alto relieve su técnica y agilidad. ¡Con qué modo tan especial producía los sonidos enarmónicos! De la danza La Melancolía de Tavárez, hizo una creación. Fué un artista tan elevado, que nunca le oímos tocar rasgueos de bailables o cantos regionales.
Tocaba la guitarra con pleno conocimiento de la música. Además era un correcto pianista, y con la pluma litográfica hacía maravillas. ¡Nuestra pobre descripción es pálida ante la realidad, desgraciadamente, desaparecida!