El pueblo tenía como expresión musical, las canciones a una y dos voces y la danza o danzón al que casi siempre le aplicaban letra, si bien ésta era más bien adaptada a la música, después de oirse esta, y los temas carecían de interés.

La cultura general del país, a la mitad del siglo XIX, se manifestaba ya de una manera tan satisfactoria, considerando el corto número de años de haber sido iniciada, que el Gobierno fué el primero que se interesó para darla a conocer.

Dos hechos importantísimos vinieron a patentizar el desarrollo que el arte iba adquiriendo.

Fué el uno, la celebración, en 1854, siendo capitán general de la Isla, Don Fernando de Norzagaray, de la primer Feria-Exposición. Entre los muchos premios consignados para las exhibiciones agrícolas, industriales y profesionales, los había también para las artísticas, habiendo obtenido la medalla de plata, premio de música, el joven pianista arecibeño (sólo contaba 18 años) Adolfo Heraclio Ramos, por una fantasía con variaciones para piano sobre La Polka Favorita de Jenny Lind.[11]

El otro lo constituyó la creación, por el Rev. Obispo de la Diócesis, Fray Pablo Benigno Carrión, de la orquesta de Capilla de Catedral, en el año de 1858, con la siguiente organización:

Maestro directorD. Felipe Gutiérrez.
TenorD. J. Salavet.
BarítonoD. Rafael Fatjó.
1er. ViolínD. Claudio Grandi.
2do. ViolínD. Aniceto Andino.
3er. ViolínD. Francisco Martínez Aparicio.
FlautaD. Eduardo Martorell.
ClarineteD. Salvador Laloma.
Clarinete 2ºD. José Belén Tizol.
Trompa 1ªD. Juan Noriega.
Trompa 2ªD. Juan F. Borrás.
BombardinoD. Jaime Bastard.
VioloncelloD. Manuel Martínez Aparicio.
ContrabajoD. Aurelio Dueño.

Para la inauguración compuso Don Felipe Gutiérrez una misa en Do, que todavía se toca en algunas iglesias.

CAPÍTULO III.
1858-1898

A partir del año 1858 en que termina el relato del capítulo anterior, el arte musical siguió evolucionando en crescendo.