Pero las estancias—las conquistas pacíficas de los criadores de ganados—se extendian á no pocas leguas mas allá; porque las guarniciones de los Fuertes tenian en respeto á los salvajes del desierto.
Eso era cuando Rosas entró al mando. Veámos lo que es ahora.
Volviendo de su campaña al desierto, puso todavia en la Federacion la chusma de indios que condujo, y á que llamaba amigos. Los salvajes trajeron naturalmente allí los hábitos depredadores de la Pampa, y asolaron amistosamente aquella comarca. Melincué fué primero abandonado: siguió la Guardia de Mercedes, 10 leguas mas adentro; se conservó algun tiempo la de Rojas, otras 10 leguas mas hácia Buenos Aires: pero luego se dejó tambien en poder de los salvajes, que habian arrasado, hasta no dejar vestijio, las de Melincué y Mercedes.
Abandonó luego el 25 de Mayo, y puso su guardia en la Barrancosa, muchas leguas mas adentro; al mando del célebre Ramirez, de sobre-nombre Macana. Los indios le atacaron varias veces, le vencieron, le debilitaron; y la Barrancosa se abandonó, retirándose la guardia fronteriza, al Fortin de Areco, 40 leguas mas adentro de Melincué.
En igual proporcion se fueron sucesivamente abandonando las guardias del 25 de Mayo, Laguna Blanca Tapalquen. Esta última era el asiento del poder de Rosas en la campaña del Sur. Allí tuvo mucho tiempo al coronel D. Ramon Maza [á quien mató junto con su padre el Presidente de la Sala] y al teniente coronel Granada, con unos 900 hombres de caballeria. Retiró de allí esa fuerza, para matar Unitarios, y abandonó á los indios todo el terreno comprendido entre aquellas guardias y el Rio Salado:—es decir una zona de 35 á 40 leguas de ancho.
Todas las estancias—riquísimas muchas de ellas—que se hallaban en esa vasta extension de territorio, quedaron completamente despobladas. Las de Beaus, Lezica, Quiroga, Iramain, y todas las que ocupaban las inmediaciones de la Laguna del Bragado; las de los Balcarce y otros muchos, en Tapalquen; todas las del Arroyo de las Flores; y, en una palabra, cuantas existian, por aquella parte, hasta la márjen derecha del Salado, han desaparecido durante el dominio de Rosas, y los salvajes de la Pampa dominan ese terreno, ocupado antes por pingües establecimientos.
La línea de guardias, que hoy forma la frontera, está reducida á lo que era al empezar el siglo;—Fortin de Areco, Guardia de Lujan y el Monte; el primero, que es el mas remoto, á ménos de 35 leguas de Buenos Aires; y el último no dista 30.
Todo el resto de la provincia está en poder de los indios, cuyas incursiones, durante el Gobierno de Rosas, han avanzado á puntos, pocos años antes tan seguros como la misma capital.—En Rojas estuvieron diez dias seguidos, en 1839 [segun creemos] sin que nadie los molestase: hoy llegan hasta las inmediaciones de Areco y Lujan; y en 1840, ó 41 vinieron hasta la estancia de D. N. Benitez, mas adentro de la guardia del Pergamino; y solo á 10 leguas de la márjen del Paraná.
Cuando Rosas subió al mando, el camino carretero, que conduce de Buenos Aires á las provincias interiores, estaba protejido por las guardias de Melincué, Mercedes, y la Esquina. Hoy no existen las dos primeras: ha sido preciso abandonar el antiguo camino, é ir á buscar la proteccion de la barrera del Carcarañal.