El Peregrino viaja y se ajita por motivos muy diversos de Childe Harold. Proscripto casi en la cuna por una tirania innoble y retrógrada; comprimidos sus instintos de libertad; testigo del escarnio que los tiranos hacen de las pasadas glorias de la patria; asistiendo cada dia al espectáculo del infortunio de sus compatriotas proscriptos; natural es que los tonos de su instrumento expresen siempre la vanagloria consoladora, aunque estéril, de los dias que pasaron,

Il misero orgoglio d'un tempo che fú;

el lamento sobre la ruina presente de la patria y sobre el duro infortunio de sus hijos; la maldicion á los tiranos; la exhortacion á los buenos á que perseveren y pongan fé en los dias que han de venir, y la esperanza consoladora en esos mismos dias. A esas ideas refiere siempre El Peregrino cuanto vé y cuanto encuentra, en la naturaleza física como en el órden moral.—Ellas forman tambien el plan uniforme, y bien ejecutado, de este CANTO DUODECIMO, que se refiere todo al Rio de la Plata.

Entrando por él despues de una ausencia de pocos años, el Peregrino vé alzarse á su izquierda las nubes que le señalan su patria, Buenos Aires; y á su derecha las rocas de la Patria Oriental, bañadas por la luz del Sol. La dolorosa situacion de ambos pueblos le arranca sentidas quejas; y vuélvese primero á contemplar su propia Patria. Piensa en lo que es hoy el nombre arjentino, y busca consuelo en lo pasado.

Antes era otra cosa, antes valía

La pena de llevar una estocada,

El decir con orgullo y bizarria:

Nací Arjentino, y en mi Patria amada

No hay ya ni esclavitud ni tirania;

Y en la frente del hombre inmaculada,