265.
Sabida por mi padre aquella desgracia,
que al reino de Crotona amenazaba destrucción,
me llevó consigo y compareció inmediatamente
ante el rey Linceo que tenía ejército preparado.
266.
Al comenzar a subir las escaleras
del palacio repleto de joyas y riqueza,
salió a nuestro encuentro el noble rey,
abrazó a mi padre y diome la mano.