Berenguer de Entenza, y Berenguer de Rocafort dividen el ejército en vandos.

Berenguer de Entenza luego que llegó á Galípoli quiso ejercitar su cargo como solia antes de ser preso, y Berenguer de Rocafort dijo que ya las cosas estaban trocadas, y que no tenia que gobernar mas de los que traia, que los demás ya tenian general. Alterarónse los animos, pretendiendo todos que se les debia la suprema autoridad. Los amigos y allegados de cada cual de ellos, con palabras descompuestas y llenas de arrogancia amenzaban que con sus armas se harian obedecer. Dividido el ejército con esta competencia, todo andaba desordenado, y cerca de llegar á grande rompimiento, movidos de algunos chismes que se andaban refiriendo. Estuvieron cerca de venir á las manos, porque no falta entre tantos quien gusta de revolver, por hacer daño al enemigo, ó acreditarse con el amigo. Esforzaban entrambas las partes su pretension con razones muy bien fundadas. Por la de Berenguer se decia, que antes de su prision era general, y habia sido el primero que acometió felizmente las provincias del imperio, y que por la alevosia de los Genoveses se habia perdido, no por haber faltado á lo que debia. Después de una larga prision padecida por ser su general, no habia de ser ocasion de quitarle el cargo, antes bien de honrarle con él cuando no le hubiera tenido; que por desdichado no habia de perder lo que ganó por su valor; que en viéndose libre vendió parte de su hacienda para darles socorro, y á esto se añadia, lo que á Rocafort le ofendia mas, la diferencia tan desigual de la calidad, trato y condicion, Berenguer rico hombre, Rocafort, caballero particular; el uno cortés, liberal apacible, el otro áspero, codicioso, insolente. Por la parte de Rocafort esforzaban sus amigos su pretension con razones de gran consideracion.

Fundaban su derecho diciendo, que Rocafort habia gobernado el campo como supremo capitan seis años; que cuando tomó á su cargo el gobierno, estaban nuestras partes de todo punto perdidas, y con su industria, y valor lo habia restaurado, y que su nacion en su tiempo se habia hecho la mas poderosa y estimada de todo el Oriente: que seria cosa muy injusta quitarle el gobierno al tiempo de la felicidad, habiéndole tenido en tiempos tan apretados; que muchas veces se deseó la muerte por menor mal del que se esperaba, que el fruto de los trabajos los habia de gozar quien los padeció, antes que los demás por nobles y grandes que fuesen; y que seria un agravio muy notable si le quitaban el puesto en que habia acrecentado su nombre con tan señaladas victoria, y librado su gente de una triste y miserable muerte, que siempre tuvieron por cierta. Mientras la una y otra parte se trataba del caso, vinieron casi á rompimiento, remitiendo su pretension á las armas, conque muchas veces dentro de las murallas de Galípoli estuvieron para darse la batalla; porque como no habia quien pudiese decidir la causa, por estar el ejército dividido, llevados todos de las obligaciones, y aficion que cada cual tenia, no se podian gobernar, ni limitar como convenia para el bien comun. Hubo algunos bien intencionados que prefiriendo el bien público á sus particulares intereses, se mostraron neutrales; y se pusieron de por medio para concertales, cosa de mucho peligro cuando las partes estan ya declaradas, porque siempre se juzga por enemigos los que no son amigos, y vienen á ser aborrecidos de los unos, y de los otros. El vando de Berenguer de Entenza, si con este medio no llegara á impedir el venir á las armas, se hubiera sin duda perdido porque al de Rocafort seguia la mayor parte de los Almugavares, y todos los Turcos y Turcoples, por haber jurado fidelidad en manos de Rocafort, á quien ciegamente obedecían. Berenguer tenia mucha menos gente que Rocafort, aunque era la mejor, porque siempre los menos suelen ser los mejores. Persuadieron á Rocafort, los que trataban del concierto, que remitiese su justicia, y su derecho en lo que determinasen los doce consejeros del ejército, poniéndole delante los incovenientes grandes si el negocio llegaba á rompimiento; porque aunque se degollase todo el vando de Berenguer, no pudiera ser sin gran pérdida suya, y que después quedarian sin fuerzas para resistir tantos enemigos como por todas partes la cercaban; que no eran tiempos aquellos que por intereses particulares fuese reputacion el venir á las armas, de donde se podria seguir el perderla toda la nacion; que ganaria mas gloria en ceder el derecho que pretendia, que si venciera á Berenguer. Últimamente Rocafort vino bien en esto, por temer los daños que se podrían seguir, ó por parecerle que los doce consejeros estarian mas de su parte que de la de Berenguer, á quien fácilmente persuadieron lo mismo. Declararon los jueces, que Berenguer, Rocafort y Fernan Jiménez gobernasen cada cual de por sí, y que los soldados tuviesen libertad de servir debajo del gobierno que mejor les pareciese, sin que para esto se le hiciese violencia por ninguna de las partes. Fué el medio mas acertado que en este caso se pudo tomar; porque declarar por Capitan general el uno, era sugetar el otro á su émulo y competidor, y primero escogiera la muerta cualquier de ellos que esta sujecion, además de que los doce no tenian autoridad para mandar que se obedeciese á quien ellos elegirian, porque no eran mas que medianeros para concertar las partes. Quedaron por entonces en lo exterior algo sosegados, pero los ánimos secretamente muy alterados y sospechos, deseando ocasion de vengarse del agravio que cada cual imaginaba que se le hacia: que todo lo que no es alcanzar uno su pretension como la desea, lo juzga por agravio. Las mas veces se imposibilitan las empresas por las competencias de los que mandan, cuando no los gobierna algun príncipe grande, y poderoso, que puede reprimir las insolencias delos atrevidos, y ambiciosos y por mucha moderacion que haya en los principios de una empresa, despues de los malos, ó buenos sucesos, siempre se siguen ruines interpretaciones, de que toman mayor osadia los inquietos, y muchos buenos se ven obligados á defenderse, porque con esto se levantan tantas máquinas de recelos, envidias, y aborrecimientos, que parece imposible librarse; y así se ha de tener por cosa muy notable que durase ocho años esta empresa de los catalanes, y aragoneses libre de este daño. La empresa que Godofre hizó á la tierra santa, con ser la mas ilustre de todas las que refieren las historias, en sus principios padeció este daño, por las competencias entre Tancredo y Baldovino, entre Boemundo, y el conde de Tolosa; porque siempre en algunos pudo mas la ambicion que la piedad, principal motivo de aquella empresa. Fernan Jiménez de Arenós, aunque por el concierto pudiera dividirse, y gobernar solo por sí, no quiso apartarse de Berenguer de Entenza, porque le pareció que no perdia reputacion en obedecer á un hombre igual en sangre, y mayor en años, y tambien por ser muy pocos los que le seguían, y temerse de Rocafort; y así Berenguer, y Fernan unieron sus fuerzas por ser mas respetados, y temidos.

CAPITULO XLVIII.

Rocafort pone sitio á Nona, Berenguer á Megarix y Ticin Jaqueria Genovés con ayuda de gente Catalana toma el Castillo y lugar de Fruilla.

Aunque por los conciertos pareció que todo quedaba en paz, no se aseguraron los unos de los otros, ni dejaron de vivir llenos de recelos, acrecentando de cada dia mas el aborrecimiento, y cerrada de todo punto la puerta á tratos de concordia; porque como todos se hubieron de declarar, dejó de haber neutrales, y medianeros para averiguar algunas cosas que siempre ocurrian de jurisdiccion: el peligro les hizo apartar, ya que otra razon no pudo. Berenguer fué á poner sitio sobre Megarix, y Rocafort en su emulacion fué á ponerle á Nona, sesenta millas de Galípoli y treinta de Megariz; y aun se tuvo por corta la distancia, según estaban los animos alterados, y particularmente los del vando de Rocafort, que como superiores les parecia mengua que los otros se atreviesen á competir. Los Turcos, y Turcoples, y los Almugavares siguieron á Rocafort, y algunos caballeros; con Berenguer se fueron los Aragoneses, y toda la gente noble que servia en la mar. Montaner por su oficio de Maestre racional no tuvo porque declararse, por haberse de quedar en Galípoli, y así quedó solo por confidente de entrambos.

En este mismo tiempo, Ticin Jaqueria Genovés, Gobernador del Castillo, y lugar de Fruilla, vino al servicio de los Catalanes con un vajel de ochenta remos. La causa de su venida fué deseo de satisfacer un agravio, con ayuda de los Catalanes; porque muerto un tio suyo que se llamaba Benito Jaqueria, en cuyo nombre habia gobernado el Castillo cinco años, con cuidado, y fidelidad, según él decia, habiale heredado otro tio suyo que luego vino á Fruilla, y sobre la averiguacion de ciertas cuentas tuvieron algunos disgustos, y vuelto á Génova el tio, tuvo aviso Ticin que enviaba cuatro galeras para prenderle. Sintió el agravio el Genovés, y quiso luego vengarse, pero no pudo hacerse dueño del Castillo, porque no tenia fuerzas para sustentarse solo de por sí, ni bastante gente de confianza para hechar los amigos de su tio; y así con esperanza de que hallaria en los Catalanes lo que deseaba, vino á Galípoli. No halló á los generales, y dió razon á Montaner de la ocasion que le trahía. Ofreció servir con fidelidad, y así le asentó Montaner en los libros, á él, y á diez caballos armados, para que todos ganasen sueldo en su provecho. Esto se acostumbraba de hacer con algunos caballeros, y gente principal, asentalles el sueldo por mas gente de la que traían, para hacerles esa comodidad. Pidió luego Ticin á Montaner que le diese gente, que él ofrecia de poner en sus manos el castillo, y el lugar, de donde le podria resultar grande provecho. Montaner no trató de la justicia y razon del hecho, sino solo de favorecer á quien pedia su ayuda, y se ponia debajo de su amparo. Dieronle luego armas, caballos, y las demas cosas para poner en órden los suyos, que llegaban hasta cincuenta, dióle gente de socorro, porque Montaner como enemigo mortal de Genoveses, no quiso perder la ocasion de hacerles algun daño. A Juan Montaner su primo, y á cuatro Consejeros Catalanes se encomendó el socorro, con órden que no se hiciese cosa sin tomar parecer de Ticin Jaqueria. Partieron de Galípoli al otro dia del Domingo de Ramos, con una galera bien armada, y cuatro vajeles menores. Navegaron la vuelta del Castillo de Fruilla, donde se llegó víspera de Pascua ya noche. El mozo Jaqueria sentido del agravio ejecutó su determinacion. Desembarcó su gente con el silencio de la noche, y arrimaron sus escalas. Subieron por ellas treinta Genoveses de los de Jaqueria, y cincuenta Catalanes. Vino luego el dia con que fueron descubiertos, y se les defendió la entrada, pero peleando valientemente ganaron una puerta por la parte de adentro, y abierta, dieron libre la entrada á los demas que quedaban fuera. Hizose grande resistencia al principio por los que defendían el castillo, que pasaban de quinientos hombres, no tan bien armados como los nuestros, ni tan resueltos. Murieron hasta ciento y cincuenta de los enemigos. Hubo algunos cautivos, pero la mayor parte escapó con la huida. El Castillo ganado, la villa que era de Griegos sin defensa alguna se acometió luego, antes que los naturales pudiesen ponerse en resistencia, ni esconder su hacienda. Fué la presa riquísima, porque á mas del oro, y plata, y vestidos de precio que se ganaron, se tomaron tres Reliquias grandes que estaban en el castillo, empeñadas por los Turcos al Genovés Benito Jaqueria. Teniase por tradicion que San Juan Evangelista las habia dejado en el Sepulcro, de quien arriba hicimos mencion. Las Reliquias fueron un pedazo del leño de la Cruz, de la parte donde Cristo reclinó su cabeza. Así lo refiere Montaner, y éste San Juan le trujo siempre pendiente del cuello el tiempo que vivió entre los mortales. Estaba entonces con un engaste de oro, con joyas de mucho precio. Una alba con que el Santo decia Misa, labrada por las manos de la Virgen y el Epocalypsis escrito por el mismo Santo, con unas cubiertas de admirable arte, y riqueza. Pareció á Juan Montaner, y á Ticin Jaqueria que Fruila estaba lejos de los presidios para poderla sustentar, y así la desmantelaron. Satisfecho el Genovés de su tio, y todos los demás del oro que se ganó, con que volvieron á Galípoli, y dieron á Ramon Montaner y á los demás la parte que les cupo, y de las reliquias le cupo por suerte el leño de la cruz, que sin duda hubiera llegado á estos reinos, si en Negroponte á vuelta de las demas hacienda no le robáran este gran tesoro. Animado con el suceso pasado Ticin Jaqueria, le pareció acometer alguna empresa, y ganar algun lugar donde pudiese estar de asiento. Dióle tambien para esto Montaner alguna gente, y con ella poco despues ganó un castillo en la isla de Tarso, y le mantuvo no sin gran provecho de nuestra nacion, como adelante veremos.

CAPITULO XLIX.

El infante D. Fernando, hijo del rey de Mallorca, enviado del rey D.
Fadrique, llega á Galípoli para gobernar el ejército en su nombre.

Divididos los capitanes en los sitios de Nona, y Megarix, el infante D. Fernando, hijo del rey de Mallorca, con cuatro galeras llegó á Galípoli, por órden del rey de Sicilia D. Fadrique, porque juzgó que importaba para el aumento de su casa enviar persona puesta por su mano que gobernase el ejército de los Catalanes de Thracia, pues ellos mismos le habian llamado y prestado juramento de fidelidad, no acordándose quizá de que esto habia sido cinco años antes, cuando la necesidad les obligó, y que entonces pudiera haber dificultad en admitirle. Tomó el infante esta jornada á su cargo por servir al rey solamente, él se la encargó, con palabra, de que no se casaria en Francia sin su consentimiento, y que gobernaria aquellos estados en su nombre. Tanta estimacion se hizo de aquellas armas cuando las vieron superiores á las del imperio, que no las quisieron apartar de su obediencia los reyes, aunque fuese para un infante de su misma casa. Don Fadrique, príncipe de singular prudencia, y maestro grande de la arte del reinar, no quiso empeñar su reputacion en nuestras armas, porque las tubo por perdidas cuando le pidieron socorro, ni declararse por enemigo de Andronico hasta que le vió sin fuerzas para defenderse; pero los accidentes fueron tan diferentes de lo que se presumia, que la resolucion del rey con tanta razon determinada, vino como veremos, á no tener el efecto que hubiera si antes les socorriera. La venida del infante dió notable contento á los que entonces se hallaron en Galípoli, particularmente á Montaner grande criado, y apasionado de su casa. Admitieronle como á Lugarteniente del rey sin dificultad ni réplica todos los que se hallaron presentes, que aunque fueron pocos, por ser los primeros se les agradeció de parte del rey. Enviaronse luego correos á los tres capitanes principales, Entenza, Rocafort, y Fernan Jiménez, haciendoles saber la venida del infante, y juntamente les remitieron las cartas del rey que vinieron para ellos, dándole razon de cómo venia á gobernarles en su nombre. Dio Montaner para su servicio cincuenta caballos, y mayor número de acémilas que hubo menester para su casa; y porque la posada de Montaner era de las mejores de Galípoli se salió de ella, y se la dió al infante. Berenguer de Entenza estaba sobre el sitio de Megarix treinta millas de Galípoli, donde recibió el aviso de la venida del infante por los dos caballeros que Montaner embió para que se le diesen, juntamente con la carta del rey. Partió luego con pocos, y llegó á Galípoli el primero de los capitanes. Dio la bien venida al infante, y le juró por su general y suprema cabeza. Luego tras él vino Fernan Jiménez de Arenós de Modico, y siguió en todo á Berenguer. Mejoróseles el partido á estos dos ricos hombres, porque su vando menos poderoso, siempre temia al de Rocafort, y con la venida del infante parece que todo se habia de sosegar, y las cosas, fuera de sus lugares por la violencia de uno, volverían al suyo, y serian todos estimados según sus merecimientos, y calidades. Fué el contento universal en todos, así del vando de Berenguer, como de Rocafort, á quien alteró mucho la venida tan fuera de tiempo del infante, y sin duda que desde luego le negara la obediencia si no fuera porque conoció en los suyos el gusto que les habia dado esta nueva. Hallóse en notable confusion era hombre sagaz, y prevenido en todos sus consejos, pero no pudo prevenir con sus artes acostumbradas lo que nunca pudo temer. Después de haber consultado con sus intimos amigos caso, pareció que convenia responder mostrando mucho gusto de la venida del infante, unico deseo de todos ellos, y que por estar el sitio tan adelante no se atrevia á dejarle para ir á darle la obedencia, que le suplicase de parte de todos, que viniese á Nona donde le esperaban con mucho gusto. En esta sustancia se respondió al infante, y el entre tanto con los deudos, y amigos confidentes, dispuso los ánimos á seguir su parecer y consejo. Llegó la respuesta de Rocafort á Galípoli, y el infante no quiso determinarse sin el parecer de Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez, y de algunos otros capitanes bien afectos á su servicio, y de gran conocimiento de las trazas y designios de Rocafort. A todos pareció peligrosa la detencion, y que debia el infante partir luego, porque el ejército no se enfriase en el gusto que tenia de su venida, y Rocafort no tuviese tiempo de concluir ni mover nuevas pláticas en deservicio del rey, y excluir del gobierno su persona. Con esta resolucion dispuso el infante su partida, fué acompañado de la mayor parte de la gente de Berenguer de Entenza, y de Fernan Jimenez, sus personas no pareció llevarlas porque no fuera acertado antes de tener ganada la voluntad de Rocafort, y de los suyos, ponerle delante por primera entrada sus competidores en mejor lugar cabe el infante; y así defirieron la ida estos dos ricos hombres cuando el infante hubiese jurado, porque entonces estando con entera autoridad se podrían hacer las amistades.