Prision del Infante Don Fernando en Negroponte.

Partió el Infante de la Isla de Tarso con Ramon Montaner y mandó que se le entregase á Montaner la mejor galera que fué la que llamaban Española. Con estas cuatro galeras, un leño armado, y una barca de Montaner fueron navegando por la costa de Thracia, y Macedonia, hasta el puerto de Almiro. Lugar del Ducado de Athenas, donde el Infante habia dejado cuatro hombre cuando venia, para hacer bizcocho para cuando se volviese. Halló el Infante que contra la fé y palabra comun le habian tomado el bizcocho, y maltratado los cuatro que lo hacian. Tomo el Infante luego satisfacion del daño que habia recibido, hechando gente en tierra, y saqueando el lugar de Almiro, donde todo se llevó á sangre y fuego.

Después de haber saqueado y satisfecho la pérdida pasada de allí pasaron á la Isla que Montaner llama Espol, yo entiendo que fué la que hoy se llama el Sciro. Saqueó toda la Isla, y combatió el Castillo sin fruto. De allí tómaron el cabo de la Isla de Negroponte, quiso el Infante entrar en la Ciudad, porque cuando vino á Romania estuvo en ella, y fué muy recibido, y festejado. Montaner y los demás capitanes de experiencia le advirtieron, que no convenia poner á riesgo su persona, y la de los que con él iban, despues de haber saqueado los Lugares del Duque de Athenas, con quien los señores de Negroponte tenian confederacion. No dió credito á sus buenos consejos, y usando de su poder absoluto, con evidente peligro entró en la Ciudad, hallaron en el puerto diez galeras de Venecianos que habian venido á instancia de Carlos de Francia, á quien dió el Papa la investidura de los Reinos de Aragon, cuando el Rey Don Pedro ocupó á Sicilia. Trahían un caballero Francés llamado Tibal de Sipoys, para que en nombre de Carlos su príncipe tratáse en Grecia nuevas confederaciones, y amistades, y particularmente de los nuestros, de quien esperaba Carlos su remedio, porque tenia pensamiento de venir en persona por los derechos que pretendía al Imperio, á echar de él al Emperador Andronico. El Infante y ano tuvo lugar de arrepentirse, ni volver atrás, porque fuera dar mayor sospecha; pero antes de desembarcar quiso que le asegurasen, y diesen palabra de no ofendelle. Hicieronlo con mucho gusto al parecer, Tibaldo el primero, y los capitanes de las diez galeras Venecianas, que se llamaban Juan Tarin, y Marco Misot, y los tres señores de Negroponte. Con esto le pareció al Infante que estaba seguro. Saltó en tierra, donde le convidaron para aseguralle más, y quitar á las galeras la mayor defensa que éra el éstar allí su persona, y las de quien siempre le acompañaban que entre ellas fué la de Montaner. Apenas puso el Infante el pie en tierra, cuando las diez galeras Venecianas dieron sobre las del Infante, y el vajel de Montaner, donde acudió mucha gente, porque tenian noticia que habia dentro grandes riquezas. Mataron al entrar, cerca de cuarenta hombres que se quisieron defender, y al mismo tiempo prendieron al Infante, con hasta diez de los más principales que estaban en su compañía. Tibaldo luego libró la persona del Infante, á Micer Juan de Misi, señor de la tercera parte de Negroponte; para que le llevase al Duque de Athenas en nombre de Carlos de Francia, cuya órden se aguardaria para disponer de la persona del Infante. Llevaronle con ocho caballeros, y cuatro escuderos á la Ciudad de Athenas, donde fué entregado al Duque y por su órden con muchas guardas llevado al Castillo de S. Tomer donde quedó prisionero algunos dias.

CAPITULO LVI.

Rocafort y su gente prestan juramento de fidelidad á Tibaldo de Sipoys en nombre de Carlos de Francia.

En este tíempo, ya Tibaldo trataba de traer al servicio de Carlos á Rocafort y á toda la compañía y procuraba grangearles por todos los medios que pudo. No faltó quien le advirtió que en ninguna cosa podia ganar más la voluntad de Rocafort, que entregándole dos de aquellos prisioneros que tenia, que el uno de ellos era Montaner, y el otro García Gomez Palacin, enemigo grande de Rocafort. Tibaldo dió credito al aviso, y sin más averiguacion embarcó en sus galeras á Montaner, y á Palacin, y él en persona partió la vuelta del cabo de Casandria, donde estaban los nuestros con Rocafort; y apenas hubo llegado á su presencia, cuando le presentó los dos prisioneros, pareciéndole que habian de ser el medio de sus amistades, y así fueron ellas tan desdichadas, pues se fundaron en la sangre, y muerte de un inocente. Entregaronse ambos prisioneros, pero con diferente suerte, porque al uno le apartaron para quitarle la vida, y al otro para darle libertad. Honraron con grandes demostraciones de contento á Montaner, y á Palacin mandó Rocafort cortarle luego la cabeza, sin darle mas tiempo de vida de lo que el verdugo tardó á darle la muerte, y sin que persona alguna se atreviese á replicar sobre ello á Rocafort. Que se halle hombre tan ruin como Rocafort entre tanto soldados, y capitanes no me causa admiracion; pero que entre todos ellos no se halláse un hombre de bien que detuviera, ó replicára á Rocafort, advirtiéndole, si quiera, que ofendia su fama, y obscurecia sus hechos, con ejecucion tan inhumana, y fuera de tiempo. Era García Gomez Palacin Aragones, valiente soldado, y honrado caballero, aunque desdichado, principal capitan, y valedor del vando de Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez de Arenós.

Con este hecho indigno de cualquier hombre que lo sea, perdió Rocafort amigos, y reputacion; pues dar la muerte á un caballero que se retiraba como vencido á la patria, de donde no le pudiera ofender, ni impedir su grandeza, fué indicio y señal manifiesta de su crueldad, y fiereza. Montaner como habia sido Maestre Racional de nuestro ejército, y era el que mandaba todos los oficiales de pluma, tenia grangeados con su buen término, y verdad los animos de todos los soldados, y así le amaban como á padre, cosa raras veces vista amar la gente de pluma á quien ordinariamente aborrecen y murmuran, porque les parece que estando descansados, con trampas y enredos en daño de la milicia se acrecientan, y enriquecen, y ellos con mil trabajos y peligros viven siempre en una miserable suerte.

Recibieron todos á Montaner con regocijo general, y luego le dieron una posada de las mas honradas que habia, y los Turcos, y Turcoples los primeros le presentaron veinte caballos, y mil escudos, y Rocafort un caballo de mucho precio, y otras cosas de valor, sin que huviese persona de estimacion en todo el ejército que no le diese algo. Tibaldo de Sipoys, y los capitanes Venecianos que le entregaron, quedaron corridos de ver que se hiciese tanta honra á quien ellos habian robado cuanto tenia, y temieron que no le hiciese daño en desbaratar sus trazas, y pretensiones; pero Montaner era cuerdo, y como no le pareció cosa segura quedarse en nuestro campo, ni las impidió, ni las faboreció.

Rocafort que hasta entonces habia estado dudoso en aceptar lo que por parte de Carlos de Francia le ofrecia Tibaldo de Sipoys, porque el respeto de la casa de Aragon le detenia pero cuando tuvo por cierto que por no haber querido admitir al Infante por el rey Don Fadrique, las casas de los reyes de Aragon, Sicilia, y Mallorca, le serian enemigos, vino en lo que Tibaldo deseaba, que la compañia le recibiese por su general en nombre de Carlos de Francia, ofreciéndoles el sueldo aventajado, y grandes esperanzas, que era lo que les podia dar. Con esto le juraron fidelidad, forzados á lo que yo puedo juzgar, de la violencia de Rocafort, porque deshechar á su príncipe natural, y tomar al estraño, y enemigo, no es posible que los Catalanes, y Aragoneses voluntariamente lo consintiesen, ni Rocafort lo intentáse, sino por la seguridad que tenian en los Turcos, y Turcoples, y parte de la Almugavaria que ciegamente le obedecían, aunque lo que Rocafort hizo no parece que fuese traicion, porque no tomó las armas contra sus príncipes, sino solo se apartó de sus servicios: cosa en aquellos tiempos licita y usada, y mas cuando precedian agravios. Ni menos fué por aborrecimiento que tuviesen á la casa de Aragon, y amor á la de Francia, sino que quiso arrimarse por entonces al príncipe menos poderoso, para con mas facilidad apartarse de él cuando sus cosas llegasen al estado en que esperaba verse.

Porque corria una voz entre muchas, que Rocafort se queria llamar rey de Tesalónica, ó Salonique, y no era esto sin algun fundamento, pues habia mudado el sello del ejército que era la imagen de San Pedro, y en su lugar mandó poner un rey coronado; señales evidentes de sus altos y atrevidos pensamientos, y que sin duda llegára á ser príncipe absoluto, si su grande avaricia, y soberbia no atajára los pasos de su próspera fortuna, al tiempo que le ofrecia un estado con que pudiera fundar, y engrandecer su casa. Que si Rocafort viviera cuando los nuestros ocuparon los Estados de Athenas, y Neopatria, tengo por sin duda que no llamaran al rey de Sicilia sino que le recibieran por su príncipe y señor; pues se pudiera hacer con muy justo titulo, habiendo sido Rocafort su general tantos años en tiempos de trabajos, y debajo de cuyo mando, y govierno habian alcanzado tantas victorias, y dado glorioso fin á tan señaladas empresas.