Con esta platica se fueron encendiendo los animos atizados de los amigos intimos de Rocafort de suerte, que llegaron á tomar las armas los Almugavares, y Turcos contra los que habian señalado en su prision, y con una furia y coraje increíble, lo iban buscando por sus alojamientos, y matando los que topaban, sin que hubiese soldado, ni caballero que se atreviese á resistirles; tanata fué la aficion y voluntad que la gente de guerra tuvo á Rocafort, que jamas la pudieron borrar sus maldades, y ruin correspondencia con los amigos ni en esta ocasion pudo sosegarse hasta vengarle, y satisfacerse muy á su gusto.
Quedaron muertos de este alboroto, ó motin catoce Capitanes de los mas conocidos enemigos de Rocafort, y otra mucha gente de los aficionado, y criados de estos capitanes, que quisieron al principio resistir. Cosa notable que los nuestros puestos en medio de sus enemigos, tres años continuos tuviesen ellos siempre guerra civil, derramándose mas sangre que en todas las demas que tuvieron con extraños. Y aunque las guerras civiles son de ordinario ocasion de no tenerlas con los extranjeros, no sucedió esto á los nuestros, pues á un mismo tiempo acometian al enemigo, y se mataban entre ellos.
Tibaldo llegó á Nápoles con los dos hermanos Rocafort presos, y los entregó al Rey Roberto su mortal enemigo. El origen de esta enemistad fué no haberle querido Berenguer de Rocafort entregas unos Castillos de Calabria, que por razon de las paces hechas entre los Reyes le pertenecían, hasta que le satisfaciesen lo corrido de sus pagas á él, y á su gente, y como los Reyes tienen por injuria, y atrevimiento grande, pedilles paga de servicios por medios violentos, aunque por entonces satisfizo á Rocafort, quedóle siempre vivo el sentimiento de este agravio. Mandó luego que lo llevasen á los dos hermanos al Castillo de la Ciudad de Aversa, y que encerrados en una obscura prision los dexasen sin darles de comer hasta morir.
Fué Berenguer de Rocafort el mas bien afortunado, y valiente Capitan que hubo en muchas edades, y el mas digno de alabanza, si al paso de su prosperidad, no crecieran sus vicios. Sirvió al Rey Don Pedro, y á sus hijos Don Jayme, y Don Fadrique de Capitan. Después con nuevos pensamientos se juntó con Roger en la Asia, á donde fué con no pequeño socorro.
Por muerte de Corbaran de Alet fué Senescal, Maestre de Campo, general del exército, y despues de muerto Roger, y berenguer preso, le gobernó por espacio de cinco años, sin competidor alguno, y en este tiempo destruyó muchas Ciudades y Provincias. Venció Tres batallas con muy desigual número de gente, y en una de ellas un Emperador de Oriente, y mantuvo una guerra tanto tiempo en el centro de las Provincias enemigas; y últimamente atravesó con su exército desde Galípoli á Casandria, quemando y destruyendo cuanto se le puso delante. Nunca fué vencido, ni aun en pequeñas escaramuzas.
Triumphó de todos sus enemigos, y en todas las guerras civiles y extranjeras fué siempre vencedor; pero el remate de todas estas dichas paró en una triste prision, y miserable muerte, aunque al parecer de todos, justísimo castigo del cielo, por la sangre inocente que derramó de sus amigos, y de otros muchos que injustamente murieron á sus manos.
Gisbert de Rocafort siguió la misma fortuna que su hermano, pero según se colige de los historiadores de aquellos tiempos, no procedió tan disolutamente como él, aunque fué participante y compañero en muchos de sus delitos, y particularmente en la de Berenguer, y quiza por no tener el lugar de su hermano fué menos notado, porque los vicios se descubren mas en la mayor fortuna. Quien fuesen estos caballeros, ó de que familia de las muchas que en Cataluña hubo de este apellido. Montaner lo calla como de muchos otras que se hallaron en esta grande empresa, que ni aun escribió sus nombres; yerro por cierto, ó descuido muy notable, y de grandísimo perjuicio para las casas nobles que hoy permanecen en estos Reynos, cuyos pasados se hallaron en esta tan señalada expedicion.
CAPITULO LX.
Eligen los Catalanes Gobernadores, y solicitados del duque de Athenas ofrecen de serville.
Después del miserable caso de Rocafort, y de los que por él se siguieron, que nuestro exército no solo sin cabeza, pero sin personas capaces de tanto peso; porque el gobierno de tan várias gentes, acostumbradas á obedecer famosos Capitanes, y envejecidas debaxo de su mando, mal se pudiera entregar á quien no fuera igual á los pasado en valor, y nobleza de sangre. Roger de Flor fué el que primero los gobernó, hombre, como se dixo, señaladísimo entre todos los capitanes de su tiempo.