Pero aunque el aviso llegó presto y á su tiempo, Andronico tardó en resolverse; falta muy ordinaria de los príncipes, y la mas perniciosa, dilatar los remedios hasta que pasa la ocasion, y vienen á llegar quando ya no es posible que aprovechen; y esto en tanto es mas peligroso, quanto el negocio es de mayor importancia, como lo son los tocantes á la guerra, donde los yerros pequeños suelen ser causa de pérdidas de Reynos, y Monarquias. Tardar en la eleccion de los pareceres que se han de seguir, es peor que executar el que se tiene por menos conveniente.

Vióse bien este caso, de quanta mayor importancia fuera para Andronico, ó mandar que luego se pelease con los Turcos, ó darles navios para pasar el estrecho, porque qualquiera de estas dos cosas que hiciera, que eran las que le tenian suspenso y dudoso, fuera mas acertada, que con la tardanza de resolverse darles tiempo para que les viniese socorro, y lugar de fortificarse y prevenirse, como lo hicieron. Porque desengañados los Turcos de que los Griegos no les guardarian palabra, como gente desesperada, hicieron grande esfuerzo en avisar á los de su misma nacion, pues estaban de la otra parte del estrecho, y éstos como supieron el peligro en que se hallaban Calel, y los suyos, y las grandes riquezas que tenian, con vajeles pequeños, y en muchos viajes pasaron gran multitud de Turcos en su socorro, y viéndose tantos juntos, no solamente trataron de defenderse pero comenzaron á correr la tierra como platicos en ella.

CAPITULO LXVIII.

Los Turcos vencen á Miguel, y hacen grandes daños en Thracia.

Hasta que el emperador Andronico, temiendo que aquellos pocos enemigos iban tomando fuerzas, se acabó de resolver en acabarlos de una vez: resolucion que por poco le costará la vida á Miguel Paleólogo su hijo, porque él en persona emprendió la jornada con la gente de guerra que tenia, y gran multitud de villanos que los trahia mas la codicia de recoger los despojos, que de pelear. Tenian todos por cierto, que en viendo los Turcos al emperador Miguel, y el fausto y vanidad de los cortesanos, se rendirían; y fué tanto el descuido de los Griegos, que como si fueran á caza vinieron la vuelta de los Turcos, sin ordenar esquadrones, olvidados de todo punto del manejo ordinario de la guerra, ó fuese por ignorancia, ó por parecerles inútil qualquier prevencion para tan poca gentes. Los Turcos como no tenian otro remedio sino pelear, ó morir vilmente, dexaron las mugeres, niños y haciendas dentro los reparos de sus fortificaciones, con bastante número para su defensa, y salieron á encontrarse con el enemigo setecientos cavallos. Venia el emperador Miguel muy descuidado, pensando hallar á los Turcos no en la campaña, sino defendiendo el poco espacio de tierra que habian fortificado, y quando descubrieron la tropa de los setecientos cavallos que les salian á recibir, fué tanta la turbacion de los Griegos y desorden de los villanos, que antes de ser acometidos fueron rotos.

Cerró junta la tropa de los setecientos cavallos turcos por la parte donde vieron los estandartes, y el guion del emperador Miguel, que ni estaba en parte segura, ni con la defensa que debiera.

Los villanos á este tiempo ya habian vuelto las espaldas y desamparado el puesto que se les encargó, y tras ellos muchos soldados de quien Miguel tenia alguna confianza, y así se vió en un punto sin pelear vencido.

Perdió el guion, y aunque con voces, y ruegos procuró detener los que huian, no fué oido ni creido.

Viendose solo, y que los Turcos le apretaban, volvio las riendas á su cavallo, lleno de lágrimas, y tristeza, y huyó como los demas.

Los turcos le siguieron, y si algunos capitanes y soldados honrados no volvieran el rostro al enemigo para entretenelle, hubieranle sin duda alcanzado; pero los Turcos detenidos de estos pocos que les hicieron resistencia, dexaron de seguir el alcance, y pusieron todas sus fuerzas en rendir á los que se defendían, que á poco rato los acabaron, y con esto dieron fin, y remate á la victoria.